#Geopolítica: Cuenta atrás en La Habana, por Carlos Hugo Fernández-Roca
Bienvenidos a Geopolítica con Carlos Hugo Fernández-Roca. Hoy vamos a describir un proceso que ya está en marcha. El final se acerca en La Habana.
El castrismo -ese régimen que ha dominado con mano de hierro la isla desde 1959- ahora enfrenta una crisis que no surge de una gran revuelta popular ni de una ofensiva militar, sino de algo más silencioso y profundo: el colapso de los recursos que lo mantenían a flote.
En el centro de esta crisis está el desastre energético. Cuba dependía casi completamente de importaciones de petróleo para mantener electricidad, transporte, industria y servicios básicos. Durante décadas, ese crudo subsidiado venía de Venezuela. Pero tras la caída y captura de Nicolás Maduro a principios de 2026, esos envíos se detuvieron, provocando un corte abrupto en una de las principales líneas de supervivencia del Estado isleño. La única alternativa -el petróleo mexicano que venía sosteniendo parcialmente al régimen desde 2025-también ha sido comprometida por presiones externas y medidas estadounidenses, lo que ha reducido las reservas a niveles críticamente bajos. Según informes recientes, al país le quedarían apenas días de combustible en sus reservas.
Sin energía, el Estado pierde control sobre infraestructuras esenciales. No es simplemente un problema técnico: es el principio del fin de la dictadura.
A esto se suma un aislamiento internacional cada vez más pronunciado. Ni Rusia ni China ni otros aliados están dispuestos a cubrir el enorme coste de sostener a La Habana frente al actual cerco diplomático y económico. El viejo eje de apoyo mutuo con Caracas se ha desmoronado tras la interrupción del suministro venezolano. Cuba ha perdido ese respaldo estructural y, con él, profundidad estratégica y cobertura internacional.
Además, Estados Unidos ha intensificado su estrategia para debilitar las fuentes de divisas de la isla. En 2025 se reactivaron restricciones financieras que cerraron canales formales de remesas -como los vinculados a Western Union-privando al Estado de ingresos clave que ayudaban a sostener la economía y a mitigar el descontento social.
La estrategia de Washington no busca ahora una invasión militar, como ocurrió en otros contextos Iberoamericanos, sino una asfixia progresiva: estrangular recursos, presionar aliados y forzar negociaciones con las élites internas, especialmente con las Fuerzas Armadas, para conseguir una transición pactada y evitar un colapso caótico.
Aquí está la verdadera clave: no se trata de derrocar el sistema por la fuerza, sino de empujar al régimen hacia una salida ordenada. Porque incluso para quienes todavía están en el poder en Cuba, mantener el statu quo ya no es viable.
La evidencia disponible sugiere que el régimen cubano no podrá sostenerse más allá de este 2026.
No será un camino sencillo. Toda transición genera incertidumbre, tensiones y resistencias. Pero con una gestión inteligente y firme, Cuba podría iniciar, por primera vez en décadas, un proceso de normalización política y económica.
La pregunta ya no es si el régimen caerá, sino cómo y cuándo. Y ese momento parece estar cada vez más cerca.
Soy Carlos Hugo Fernández-Roca. Hasta aquí este análisis. Continuaremos explorando juntos los grandes movimientos del tablero internacional en el siguiente episodio.

