VÍDEOBLOG #Miedodequé: Creer o no creer a De Aldama: la izquierda, la viga y la paja, por Víctor J. Hernández Bru.
He ahí la cuestión. La cuestión es creer o no creer a Víctor De Aldama, el presunto comisionista y, por tanto, presunto delincuente, procesado por el Caso Mascarillas que también sienta en el banquillo al que fue número 2, secretario de Organización y ministro de Transportes de Pedro I El Falso, José Luis Ábalos, y al hombre encargado de custodiar los votos en las elecciones primarias que ganó el propio Pedro Chapote – Pedro Anboto, Koldo García Izaguirre.
De Aldama confirmó ayer, aumentado la apuesta, en la Audiencia Nacional, que el presidente del gobierno social-comunista era el ‘número 1’, el que encabezaba toda la trama de corrupción que ahora se juzga, que estaba al tanto del choriceo (presunto, habrá que decir) de Koldo y Ábalos y añadió que su esposa, Begoñe Gómez de Chapote, estaba en el ajo y que este caso está enlazado con los otros cuatro por los que está procesada ya la propia Begoñe.
De Aldama dio pelos y señales, aunque por ahora no ha presentado más pruebas de las que ya ha presentado paulatinamente, como sobres, grabaciones, movimientos bancarios y testimonios de viajes y encuentros.
Ahora es el turno del juez, que será quien dé o no credibilidad a esas pruebas y a esos testimonios, ya no solo para definir el grado de culpabilidad de Ábalos, Koldo y el resto de la fauna socialista que rodea a todos estos casos, sino si ha de ampliar la causa también a Pedro Chapote y a su delicada esposa, que considera agresión el hecho de que un periodista la espere para hacerle preguntas por la calle, un tal Vito Quiles, al que la televisión que pagamos con nuestros impuestos y los medios privados que también pagamos con nuestros impuestos vía publicidad institucional catalogan como ‘agitador ultra’. Aquí todo lo que no sea izquierda es ultra.
Pero sigamos. Sigamos porque lo más prudente, riguroso y normal es esperar a ver qué es lo que decide el juez en todo esto. Lo más prudente y lo único democrático, porque ir administrando culpas sin ser juez es signo de un totalitarismo de manual, de pensar que el poder judicial al fin y al cabo tampoco es tan importante. No seré yo, por tanto, el que adelante a la Justicia.
Sin embargo, la casualidad, o no, ha querido que en estas semanas coincidan el juico por la llamada Trama Kitchen y éste del Caso Mascarillas. Hace unos días, comparecía en el primero de ellos Bárcenas, un tipo que ya es un delincuente puesto que ha sido condenado por otros delitos. Como yo decía el otro día, la izquierda mediática, política, social y sin vergüenza, daba total credibilidad al tipo, cuando acusaba sin pruebas a Rajoy de estar al frente de la presunta operación delictiva.
Ahora, tras escuchar a De Aldama ante el juez, los mismos afirman que es un delincuente y que su testimonio carece de ninguna credibilidad, con la pequeña diferencia de que éste sí ha aportado un arsenal de pruebas previamente.
Una vez más, es la izquierda, la de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio, la de la ley del embudo, la de la cara de cemento armado, la que basa toda su acción política, toda su acción, en autoconvencerse de que todo el mundo es profundamente gilipollas. ¿Reaccionamos ya, o qué?

