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RadioBlog #ConfinadosPeroNoArrinconados: Esperar (a) que pase algo, por Antonio Felipe Rubio

RadioBlog #ConfinadosPeroNoArrinconados: Esperar (a) que pase algo, por Antonio Felipe Rubio

Vengo sosteniendo una teoría sobre la facilidad con la que Pedro Sánchez se mantiene en el poder. Independientemente de su amoralidad y desprecio por la democracia, la Constitución y el Estado de derecho, hay una estrategia tan sencilla como inevitable: Esperar a que pase algo.

Esperar a que pase algo es la gran ventana de oportunidad para Pedro Sánchez, y siempre la aprovecha para beneficio sectario y electoralista. De la gestión de ese algo que pase extrae y genera argumentos de confrontación y reacciones criticables que señalen a la derecha y a sectores sociales, económicos e ideológicos contrarios al sanchismo. Me explicaré.

La crisis del COVID-19 fue aprovechada por el sanchismo para arremeter, entre otros, contra el Partido Popular y, más concretamente, contra las comunidades autónomas gobernadas por el PP. A pesar de la extraordinaria gestión de la Comunidad de Madrid, Pedro Sánchez dirigió toda su ira materializando miserables sabotajes contra la presidente Ayuso. Posteriormente, gestionó las oportunidades brindadas por desastres como el volcán de La Palma, pavorosos incendios forestales, fenómenos meteorológicos adversos…

En todos los casos, Sánchez se erigió como el presidente de un gobierno ejemplar en el aporte de soluciones, ayudas y restablecimiento de la normalidad. Paradigmática fue la actuación del Gobierno de España en la DANA, que afectó principalmente a Valencia y a las comunidades de Andalucía, Castilla-La Mancha, Aragón y Cataluña. Lejos de concentrar todos los recursos y esfuerzos en el resarcimiento de los daños materiales, así como un mínimo gesto de solidaridad con las personas afectadas y las familias de las víctimas, Pedro Sánchez arremetió, sin piedad, contra el Partido Popular, obcecándose en cobrar la pieza del presidente Carlos Mazón. Y, aun la pieza cobrada, mantuvo la insidia y el desprecio hacia la oposición política y las poblaciones arrasadas.

En la actualidad, esperando a que pase algo, Sánchez se encuentra con la invasión de Ucrania. Intentó fijar el objetivo contra Rusia por la criminal ambición expansionista de Putin. Sin embargo, optó por el solidario acogimiento de refugiados ante la cruel invasión. La tímida o ausente condena hacia el dictador ruso fue la consecuencia de las miserables concesiones que Sánchez tuvo que ofrecer a la extrema izquierda comunista que, como es sabido, se alinean, protegen y se nutren de los mas abyectos dictadores liberticidas.

Esperando a que pase algo, Sánchez se encuentra con el conflicto en Oriente Medio. Y, aquí, se explaya. Providencialmente, para el gobierno socialcomunista, los principales actores de la confrontación bélica son EE. UU. e Isrrael; es decir, el mejor escenario para desplegar la fiesta de ávidos activistas y la movilización de flotillas y otras cuchipandas. ¡No a la Guerra! Ya no es sólo la recuperación del eslogan del pánfilo impulsor de la “alianza de civilizaciones”; es la conjunción planetaria de intereses de la izquierda, extrema izquierda, independentistas, proetarras, antisistema… y cualquier poco avisado que se arrime al erigido como adalid de la salvación del planeta.

Es en el conflicto de Oriente Medio cuando Pedro Sánchez se muestra en toda su manipuladora plenitud. Se arroga el papel de defensor de democracia urbi et orbi. Se multiplica su presencia en foros internacionales como mediador para la paz, y planta cara a los todopoderosos Trump y Netanyahu, logrando con estos enfrentamientos una notoriedad que jamás hubiese soñado. Muy al contrario de lo que se pudiese pensar, Sánchez no opera en clave de salvador de la democracia y defensa de la libertad. Sus pretensiones sólo buscan la notoriedad, aunque ello conlleve notables daños al país: relaciones diplomáticas, aranceles, bases militares de la OTAN, debilitamiento estratégico y comercial, etc.

No importan los medios, ni mucho menos las consecuencias. Tan es así, que me permito hacer un pequeño cambio en la formulación de la estrategia sanchista. No es sólo “esperar a que pase algo”, pues eso es algo que sucede cuando tiene que suceder. Quito la preposición, y la frase sería “esperar que algo pase”, y esto significa deseo de que pasen cosas que, por muy graves o nefastas, pudiesen beneficiar a un presidente y un gobierno que, pase lo que pase, intentará mantenerse en poder… sea como sea y a costa de lo que sea.

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