Afiliaciones bajo sospecha y movimientos orquestados desde Ferraz desvirtúan la transparencia interna del partido para imponer a Juan Espadas como candidato
La maquinaria del sanchismo se activó en 2021 con un objetivo claro: acabar con la trayectoria política de Susana Díaz y asegurar el control total del PSOE andaluz desde Ferraz. La estrategia, ejecutada con precisión desde la cúpula socialista, se apoyó en la manipulación de censos y afiliaciones irregulares que desequilibraron el proceso de primarias en favor del entonces candidato oficialista, Juan Espadas.
Las sospechas se centraron en numerosas agrupaciones clave. En lugares como la agrupación municipal de Almería, así como en municipios como Marmolejo (Jaén), Peñarroya-Pueblonuevo (Córdoba) o los distritos sevillanos de Triana y Macarena —feudos tradicionalmente afines a Díaz—, se detectaron movimientos atípicos en los censos. Aumentos abruptos de afiliaciones, muchas fuera de plazo y sin transparencia, sembraron dudas sobre la limpieza del proceso. En algunas de estas agrupaciones, Susana Díaz contaba con más del 70% del respaldo antes de que se alteraran los equilibrios internos.
Detrás de esta operación política, según diversas fuentes socialistas, se encontraban figuras clave del entorno de Pedro Sánchez: el exministro José Luis Ábalos, su entonces mano derecha Santos Cerdán, y los operadores internos Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y Paco Salazar. Su labor fue facilitar, por todos los medios posibles, la victoria de Espadas, en cumplimiento estricto de la consigna de Moncloa de evitar una reedición del liderazgo de Díaz.
Este episodio ha dejado una huella profunda en la militancia andaluza y ha reforzado la imagen de un PSOE cada vez más centralizado, en el que las decisiones estratégicas se subordinan al control férreo del aparato sanchista, incluso a costa de la integridad democrática del partido.

