RadioBlog #ConfinadosPeroNoArrinconados: La penúltima de Montero, por Antonio Felipe Rubio
No fue un despiste. Era su intervención inicial en el debate de Canal Sur; o sea, la intervención que se prepara y se ensaya a conciencia. El “accidente laboral” de María Jesús Montero es epítome y reflejo de un gobierno que ha perdido el respeto, la vergüenza y la dignidad. Mucho se podría decir sobre el contenido y la proterva intencionalidad de esas palabras, pero creo que sólo me llevaría al terreno de las imprecaciones alejadas de la racionalidad. Sin embargo, otro nuevo episodio de Montero no sólo invita a reconsiderar la intención de voto, sino la inconveniencia democrática de continuar como candidata a la presidencia de la Junta de Andalucía.
La información publicada por el periodista Miguel Ángel Pérez en Libertad Digital es la que faltaba a mayor gloria de María Jesús Montero. La investigación en curso de la trama SEPI aporta un dato que pudiese evidenciar una situación extremadamente incomoda para la candidata socialista a presidir la Junta de Andalucía.
Un testigo ha presentado una denuncia ante la Guardia Civil afirmando que María Jesús Montero mantuvo una “relación de pareja” con Vicente Fernández Guerrero, expresidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). La citada relación tuvo como centro estratégico el hotel Las Salinas de Cabo de Gata, Almería. La reserva de la habitación se extendió durante los días 16 al 19 de verano de 2021. En ese periodo, según la denuncia del testigo, compartieron las instalaciones hoteleras, el Paseo Marítimo y la playa afecta al hotel. Siempre -destaca el testigo- “mostrando una actitud de pareja normal y corriente a la vista del resto de los huéspedes”.
El denunciante asegura declarar motivado por el deber ciudadano de desmentir las afirmaciones públicas de Montero negando cualquier relación con el investigado Fernandez Guerrero, quien fue detenido el pasado mes de diciembre de 2025 por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en el marco de una operación contra la corrupción. El desmentido de Montero resultó absolutamente explicito en el decurso de su intervención en el Congreso de los Diputados, asegurando tajantemente que nunca tuvo ningún tipo de contacto personal ni profesional, ni siquiera a través de aplicaciones de mensajería o amigos comunes de Fernández Guerrero desde que este fue destituido de su cargo en octubre de 2019.
Ante la más que previsible descalificación, inconsistencia, fake, bulo, etc. que aflorará para desacreditar esta información, hay una clave que convendría no obviar y que se refiere a la “presentación de material documental” adjunto a la denuncia del testigo.
Cabo de Gata, San José, Mojácar, La Isleta del Moro, Vera… son inexcusables referencias toponímicas en la reciente historia del socialismo disfrutón. En tiempos de Felipe González ya se prodigaban un a modo de “Koldos” que preparaban el terreno para solaz de figuras que accedían a estos lugares clasificados como ideales para escapadas en un entorno paradisíaco: playas vírgenes, intimidad, gastronomía y la seguridad de pasar inadvertidos con la logística y cobertura de afines al régimen. Julio feo, Juan Guerra, Antonio “el Patillas”, Eduardo G. Zárate, Tomás Azorín y otros de segundo orden frecuentaban y/o fomentaban estos destinos por sus cualidades de ignotos parajes. Hasta Pedro Sánchez sucumbió a la onírica llamada de sus colegas adquiriendo un apartamento en Mojácar.
Viajar a Almería fue -sigue siendo- una aventura. La famosa autovía A-92 (Andalucía Junta voluntades) demoró diez años para materializarse en Almería con el gobierno de Manuel Chaves. El ferrocarril ha ido a peor. No hay Ave hasta… ¿2030? Y el precio del vuelo a Madrid alcanzó una Semana Santa los 700 euros, sólo ida. Este ha sido el precio para mantener el “Patio de Recreo” del régimen socialista que, además de retrasos, incumplimientos y frustraciones, ha supuesto un enorme daño reputacional para el nombre de Almería.
Baste recordar el contencioso con el hotel El Algarrobico, caído en desgracia por la desafortunada visita al Parque Natural Cabo de Gata-Níjar de la actual presidente del PSOE Cristina Narbona. Ella, entonces ministra de la cosa medioambiental ordenó la inmediata paralización de las obras y su demolición, extremo que no podía asumir la consejera de Medio Ambiente Fuensanta Coves, al constatarse la legalidad del proyecto. Así, el recurso fue acudir a Greenpeace anunciándoles que “aquí había tajo”. El resultado ya lo conocen aquí y en medio mundo.
La noticia sobre la escapada de Montero y Fernandez Guerrero en un discreto hotel de Cabo de Gata demuestra ese inveterado gusto por el intencionado aislamiento de Almería. Sí, intencionado, porque disfrutar de la intimidad para algunos ha supuesto limitaciones, demoras e incumplimientos en las infraestructuras vitales para el desarrollo y el despegue de una provincia que, a pesar de los gobiernos socialistas, ha dejado de ser un patio de recreo alejado de incómodas miradas para -ahora sí- evidenciar la amoralidad y el insultante desparpajo de los que vienen a solucionar todos los problemas que, con abundantísimo tiempo y generosas oportunidades, jamás lo consiguieron.

