Radioblog #LaVida: “Se acabó agosto: entre guerras, incendios y política”, por Manoly Roldán
Un mes que se presentaba como tiempo de descanso terminó siendo todo lo contrario. En el plano internacional, Vladimir Putin y Donald Trump se reunieron en Alaska. Posteriormente, en Estados Unidos, el presidente Trump mantuvo encuentros con la presidenta de la Comisión Europea, el secretario general de la OTAN y varios representantes europeos, entre ellos de Alemania, Finlandia, Francia, Italia, Reino Unido y Polonia. El propósito era coordinar estrategias de seguridad y apoyo para un alto el fuego entre Rusia y Ucrania.
Sin embargo, las reuniones no dieron los frutos esperados: los combates continúan y Rusia llegó incluso a bombardear la sede de la Unión Europea en Kiev. Ante la incertidumbre por la evolución de la guerra, países como Alemania han implantado el servicio militar voluntario. Tampoco debe olvidarse la toma definitiva de Gaza por parte de Israel.
A este escenario se suma otro frente abierto en Hispanoamérica: una gran ofensiva militar dirigida por el Gobierno estadounidense contra el Cartel de los Soles, liderado por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, por quienes se ofrecen recompensas de 50 y 25 millones de dólares respectivamente.
El motivo principal de esta operación es la implicación de ambos dirigentes en el narcotráfico de cocaína y fentanilo, sustancias que afectan gravemente a la población norteamericana, además de su relación con redes de corrupción y con otros carteles internacionales. Se espera que la ofensiva sea quirúrgica, con el menor número posible de bajas humanas, y que allane el camino hacia un gobierno democrático en Venezuela, cuyo presidente electo fue reconocido a nivel internacional tras las elecciones del 28 de julio de 2024.
Estados Unidos cuenta con armamento de última tecnología y podría tener el respaldo de aliados aún no revelados oficialmente. Los efectos de esta operación podrían extenderse a países como Cuba y Nicaragua, caracterizados por regímenes autocráticos y vínculos con el narcotráfico, e incluso a Colombia, que concentra el 60 % de la producción mundial de cocaína (Informe ONU, 2024).
Tras este panorama, destaca la influencia de China, Irán y Rusia en la región, gobiernos que refuerzan modelos social-comunistas marcados por la corrupción institucionalizada, donde los dirigentes se enriquecen mientras la población se empobrece, como es el caso de Cuba.
En el ámbito nacional, agosto prometía tranquilidad. Muchos aprovecharon para desplazarse a la playa o la montaña, aunque buena parte de la población no pudo permitírselo debido a la fragilidad de la economía familiar, especialmente en hogares con hijos en edad escolar, en un contexto donde España es uno de los países de la UE donde más ha crecido la pobreza.
El verano también estuvo marcado por temperaturas extremas. Viajeros quedaron atrapados en trenes a medio camino en plena ola de calor. Y lo más grave: los incendios forestales se multiplicaron en Castilla y León, Extremadura, Galicia, Madrid y otros, arrasando miles de hectáreas.
La respuesta fue heroica: bomberos de la UME, voluntarios, Guardia Civil, Ejército de Tierra, Marina, vecinos y brigadas de otras comunidades autónomas e incluso de países como Andorra, Alemania, Francia, Rumanía, Países Bajos y Suecia lucharon contra las llamas.
En un primer momento, la ausencia de líderes políticos, ecologistas y animalistas fue notoria. Días después, algunos dirigentes del PP y PSOE visitaron las zonas afectadas. El presidente del Gobierno, en vacaciones en Lanzarote, tardó varios días en acudir y atribuyó los incendios al cambio climático, proponiendo un pacto de Estado contra la “emergencia climática”. Sin embargo, ya existe la Ley 7/2021, de 20 de mayo, de cambio climático y transición energética, que requeriría modificaciones para incluir una gestión forestal activa y medidas preventivas más eficaces.
El propio Ministerio de Transición Ecológica reconoce que entre el 90 % y el 96 % de los incendios tienen origen humano, mientras que solo un 4-10 % se debe a causas naturales, principalmente rayos. Durante agosto se detuvo a entre 27 y 56 personas, se investigó a entre 83 y 142, y ardieron alrededor de 400.000 hectáreas. Cuatro personas que participaban en la extinción perdieron la vida.
Entre las causas subyacentes figuran una legislación ambiental politizada que dificulta las labores de limpieza, poda y desbroce, el abandono rural por parte de la población joven y el declive de la agricultura y ganadería, lo que favorece la acumulación de maleza, auténtico combustible para el fuego. Tampoco se permite el pastoreo extensivo, lo que contribuye al exceso de vegetación. Muchos vecinos han perdido todo y se sienten desprotegidos por parte del Gobierno. Se perdió mucha diversidad de animales.
Además, circulan versiones sobre incendios provocados para favorecer expropiaciones encubiertas, instalar placas fotovoltaicas, molinos eólicos o explotar tierras raras, negocio de los árboles quemados, etc.
Lo cierto es que el Gobierno central volvió a reaccionar tarde y mal, pese a contar con el 93 % de los recursos económicos para estas contingencias. La experiencia se repite tras el Covid-19 o las riadas de Valencia. Mientras tanto, la inversión española en prevención sigue siendo de las más bajas de la UE si se compara con Francia o Portugal: solo 2,7 de los 71 millones de fondos europeos destinados a gestión forestal fueron ejecutados.
El sistema autonómico también mostró sus carencias: las competencias están descentralizadas, pero los recursos se concentran en el Estado. Así, las comunidades, muchas gobernadas por el PP, cargan con la responsabilidad, pero carecen de medios suficientes.
En menos de un año se han producido tres hechos que nos hacen reflexionar y pensar que el Gobierno como responsable principal no se está preocupando lo suficiente, y piensa que en el momento de la desgracia es cuando ocurren ideas milagrosas, no es así, se debe trabajar con tiempo, prevenir, y prepararse para cuando lleguen los acontecimientos.
Un buen ejemplo de ello es que las obras de las zonas afectadas de las riadas de Valencia todavía no se han realizado como lo afirmó el consejero de Medio Ambiente, Vicente Martínez Mus: “Se tenían que haber impulsado. No estarían acabadas hoy, pero por lo menos habríamos avanzado pasos. Es que no hemos avanzado prácticamente nada en ninguna de las obras grises (dependen de la CHJ). Ni siquiera las ha declarado urgente, ni siquiera les ha impulsado de forma rápida”. Queda muy poco para que llegue octubre y con ello las lluvias…
Con este telón de fondo, comienza un nuevo curso político lleno de tensiones. Este martes, el Consejo de Ministros aprobará la condonación del 22 % de la deuda autonómica de Cataluña (17.104 millones de euros), fruto del acuerdo entre ERC y el PSOE en noviembre de 2023, que también facilitó la investidura de Salvador Illa. Esta condonación, que forma parte de un plan mayor de 83.252 millones de euros para las comunidades de régimen común (excepto País Vasco y Navarra), permitirá al Gobierno encarar los PGE 2026.
No obstante, para ERC no es suficiente: exige avanzar en la reforma del modelo de financiación autonómica. El PP rechaza la medida, la considera una cesión política al independentismo y reclama reformar antes el sistema de financiación.
JxCat, por su parte, añade condiciones: ejecución de partidas presupuestarias pendientes (50.000 millones de euros), cumplimiento íntegro de la ley de amnistía para continuar con el diálogo, reconocimiento del catalán como lengua oficial en la UE y mayor poder real en instituciones catalanas (colocar a sus cuadros en cargos clave). Los demás partidos, igualmente piden lo suyo.
En conclusión, la ciudadanía observa con cansancio la corrupción, la falta de previsión y el deterioro de la imagen internacional de España, que ha quedado al margen de procesos decisivos como las negociaciones de paz en Ucrania, el papel en la OTAN o la coalición contra el Cartel de los Soles en Venezuela.
La política exterior se resiente en su relación con Estados Unidos y le perjudica su mayor relación con China (caso Huawei, comercio, justicia, círculos policiales, periodísticos y académicos, etc.), su defensa de Gaza, contra Israel y con otros gobiernos de dudosa democracia… Todo ello alimenta una sensación de desconfianza y desgaste institucional que requiere respuestas urgentes y coherentes para recuperar la confianza de una sociedad que se siente desprotegida ante la falta de un liderazgo eficaz.
“Se acabó agosto, pero lo que dejó al descubierto exige más que excusas: pide responsabilidad, previsión y un país capaz de levantarse de sus cenizas”.

