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#ElMonoDesnudo: DEL POBLE ESPANYOL, por Gloria Pérez de Colosía

#ElMonoDesnudo: DEL POBLE ESPANYOL, por Gloria Pérez de Colosía

Ayer, en su comparecencia esa en la Moncloa, Pedro Sánchez dijo tender la mano a Puigdemont para mantener un encuentro y poder convencerle sobre el apoyo a sus presupuestos.

Esto reverdece, una vez más, el cabreo que todos tenemos que tener cada vez que nos recuerdan que España está, en realidad, controlada por un señor, catalán, que la lio parda y después huyó en el maletero de un coche, cuestión está por lo que todos hemos de estar muy enfadados con los catalanes. Con todos ellos.

Y escuchándolo otra vez, pienso lo siguiente

Todos tenemos, o hemos tenido alguna vez, un amigo, un xicotet o un compañero de trabajo catalán.

O incluso algún familiar. De hecho, según el informe de Andaluces en el mundo publicado el año pasado por el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, en 2024 había 44.997 almerienses residiendo en Cataluña, especialmente en Barcelona.

Durante el siglo XX, con motivo de la I Guerra mundial y después también por la Guerra Civil y por diversos motivos como el deterioro de la economía o la falta de recursos, los almerienses emigraban a Cataluña, territorio que, obvio ha sido y es, ofrecía más oportunidades de trabajo y un tejido social y de existencia mucho más atractivo.

No solo los almerienses, claro esta, sino personas provenientes de lugares de toda Andalucía elegían Catalunya como lugar para una mejor y próspera vida. Tantos, que apareció la expresión “novena provincia andaluza”, refiriéndose, precisamente a Catalunya, como si fuera una pequeña extensión de Andalucía.

Entre los años 50 y 70 fue tal el número de almerienses que llegaron a Cataluña, alrededor de 130.000, que llegó a fundarse en Barcelona, la Casa de Almería, en el barrio de Gracia, todavía abierta y que sirve como lugar de reunión y punto de encuentro.

Es esta singular relación la que posiblemente hizo que al mismo tiempo que en Gavá, Barcelona, un Cuevano abría un pub llamado El Indalo, alguien, con reminiscencias catalanas, abría en Los Gallardos, Almería, un pub llamao D´ara, que significaba ahora en catalán.

Pero no solo de Andalucía, sino de muchos otros puntos de España hubo personas que marcharon a vivir a Cataluña e hicieron historia, amigos y familia. Como el extremeño, Manolo Vital, que consiguió subir un autobús a Torre Baró o el valenciano, Paco Candel, que se convirtió en un referente para la comunidad inmigrante en Cataluña, cuya obra “Els altres catalans” deberíamos refrescar en estos días.

¿Sabían ustedes que fueron ellos, los catalanes, los que, en 1929 para la Exposición Internacional de Barcelona, construyeron un recinto donde reflejar los elementos arquitectónicos más emblemáticos de la arquitectura española? De toda la arquitectura española. Recorrieron más de 1600 localidades para que no faltara ningún rincón, y representara todo lo que España es.

Hoy en día, casi 100 años después, el Poble Espanyol sigue en pie, como centro de eventos, exposiciones y experiencias culturales, y bien merece una visita. Yo misma, estoy esperando la mía.

¿Y por qué les estoy contando yo esto? Pues para recordarles los lazos históricos, familiares y emocionales que, en ambas direcciones, existen entre catalanes, andaluces, y otros grupos de los llamados espanyoles, lazos que siempre han enriquecido, han sido necesarios, y han conformado el país que somos.

Pero entonces llegaron los políticos.

Siempre ha existido una significativa tensión entre el nacionalismo catalán y la unidad española y, desde luego, el sentimiento identitario tiene un innegable origen histórico y una enfurecida defensa, como todo lo perseguido y prohibido, pero la crispación tan feroz de los últimos tiempos no es entre las personas, no es entre los que nos quedamos atontados con la belleza de las curvas del Garraf cuando visitamos Barcelona o del trayecto de Mojácar a Carboneras cuando visitan Almería.

El desafío independentista, judicializado primero y politizado después con los indultos, la financiación autonómica o la distribución de competencias porque yo lo valgo y otras provincias no, el encaje del catalán en España como arma para justificar el rechazo de un conocido de antemano, -y entendible-, no, la percepción de un agravio histórico diariamente noticiado…..

La crispación nos la sirven todos los días a la hora de comer, hasta conseguir que las cabezas más vulnerables, hagan suyas estúpidas ideas como el boicot a productos catalanes, cuando, si volvemos al principio de lo que les decía, puede ser que el boicot se lo estemos haciendo a una familia de inmigrantes almeriense.

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