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#ElMonoDesnudo: Del IKEA de Almería y su tamaño, que sí importa; por Gloria Pérez de Colosía

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#ElMonoDesnudo: Del IKEA de Almería y su tamaño, que sí importa; por Gloria Pérez de Colosía

Hoy voy a hablarles de algo que en poco tiempo ya será considerado parte de Almería y que ha desbancado al centro Mediterráneo como único edificio, hasta ahora, en eso de las escaleras solo para subir que tanto juego dio a Pepe Céspedes.

Discúlpenme los que me leen o escuchan desde fuera si no me comprenden y es que, reconozco, que la alusión a las escaleras del Centro Mediterráneo es muy muy de Almería.

Desde que en 1978 se abriera en España el primer Ikea, por fin y solo 45 años después, también ha llegado a Almería. Que, si nos despistamos un poco más, no ya el AVE, sino cualquier tren que suba hacia levante, va a tardar lo mismo.

Ikea, que se fundó en 1943 por un chaval de 17 años, y que son las iniciales de su nombre, la granja donde se crio y el pueblo donde vivía, nació con una clara propuesta de valor, esto es, que más allá de la decoración de un hogar, si te montas tus propios muebles, ahorras dinero y además valoras más el mueble en cuestión porque te has esforzado tú en montarlo, has sido participe de su creación y existencia. Claro que también está aquello de la frustración, pues me consta que existen seres incapaces de montar un mueble de Ikea sin caer en una depresión exprés.

Pero para llegar a ese éxtasis ante el producto que hemos ayudado a crear, primero hay que atravesar esos pasillos con flechas en el suelo, aceptar temporalmente la anulación de tu libre albedrio y seguir el camino señalizado por ellas. Porque lo cierto es que esas flechas, con un recorrido idéntico en cada una de las tiendas, son un bloqueador de la elección personal, cuyo propósito es que, cuando uno entre en cualquier tienda Ikea descubra objetos que no sabía que necesitaba, sin los que ya no puede salir, porque si lo hiciera, su vida sería incompleta.

Pero centremos el tema, en Almería se ha abierto un Ikea, sí, pero no un Ikea normal, es un Ikea reducido, con muchos menos pasillos, con muchas menos flechas disciplinarias, con menos exposición, sin restaurante donde comer albóndigas suecas. Un mini Ikea vamos.

Ese irresistible impulso que el azul y amarillo nos produce, digo yo que nos debería pasar un poquito menos a los almerienses, pues a menos objetos expuestos más difícil descubrir cuales son esos que no sabemos que necesitamos. A menos flechas guías, más posibilidad de mantener cierto raciocinio y control de la pulsión por comprar. Y, por cierto, a menos pasillos, menos discusiones con la pareja.

Esa sería una conclusión lógica, y aunque entonces no conquistaríamos la autosatisfacción de ser partícipes en la creación de nuestro salón, me gusta pensar que el tamaño si importa y que en Almería mantendremos cierto criterio. De hecho, puedo decirles que ha sido la primera vez que visito una tienda Ikea sin comprar nada.

Pero ¿y si es al revés y el estudio demográfico en el que se han basado para abrir el mini Ikea revela que el potencial público estudiado, incluida esa gran población inglesa que tenemos en Almería, necesita menos estímulos para caer en lo mismo?, en cuyo caso, el tamaño sería irrelevante.

Algo, tan aparentemente trivial, me da qué pensar cuando aún estoy, lenta y aletargadamente saliendo del verano, pero no señores, no hay nada que pensar.

Fascinada estaba yo con la idea de una conspiración contra la población almeriense, pero no, todo está hecho a propósito y meditado. Ikea ha lanzado de forma pionera en España sus tiendas XS, la primera ya en Abril de este año en Madrid, con el objetivo de que en 2025 haya un punto Ikea a menos de 15 minutos de cualquier persona. ¿qué les parece?

Por cierto, en psicología, existe, aunque no lo crean, el efecto Ikea, que es un sesgo cognitivo que ocurre cuando los consumidores dan un valor desproporcionadamente alto a algo que ellos mismos han contribuido a crear, pero que en realidad no lo tiene.

Lo mismo, tengan cuidado, ocurre con el amor. Cuanto más participamos en su creación y desarrollo, más lo valoramos y por tanto más creemos valorar a la persona que representa ese amor. Pero no se olviden que la construcción del amor siempre ha de corresponder a dos y que cuando solo lo hace una parte ocurre ese efecto Ikea, y dotamos a la otra persona de un valor desproporcionadamente alto que, en ningún caso ni tiene ni tendrá.

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