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#ElMonoDesnudo: DEL SPOTIFY DEL FUTBOL, LAS CAMISETAS DE UN SOLO USO Y LA MÚSICA DE VERDAD, por Gloria Pérez de Colosía

#ElMonoDesnudo: DEL SPOTIFY DEL FUTBOL, LAS CAMISETAS DE UN SOLO USO Y LA MÚSICA DE VERDAD, por Gloria Pérez de Colosía

Hoy voy a atreverme a hablarles de fútbol, aunque ya he de decirles que mi única aproximación con interés a ese hilarante mundo fue el incomprensible seguimiento a full que mis amigas y yo hicimos al Atlético de Madrid en la jornada 1995-1996, año en el que ganó su novena liga y también la copa del Rey. Doblete, recordarán, que revolucionó Madrid con una comitiva de calesas hasta Neptuno, encabezadas, qué tiempos aquellos, por un Jesús Gil pletórico.

El caso es que, 30 años después de haber sido una futbol-fan exprés, el devenir del fin de semana hizo que haya visto, con mi hija y su compañera de piso, ese partido al que llaman el Clásico, y, entre tirada y tirada de dado, porque para aguantarlo entero, impuse una partida de parchís, ambas me van explicando cosas del mundo del futbol sobre las que, entre incredulidad y descojone, voy reflexionando.

Mientras que el Barça, patrocinado por Spotify, y camisetas con el logo de Olivia Rodrigo, estaba convirtiendo el Clásico en una mezcla, parece ser impecable, de deporte, espectáculo y cultura, el Real Madrid ofrecía la imagen progresivamente deteriorada de un gigante confundido.

Y, cuando consigo entender lo del patrocinio y especialmente lo de los logos musicales, y les pregunto que si eso no convierte al Barça en un business moderno, en una narrativa transmedia empaquetada para mover cantidades obscenas de dinero bajo la apariencia de una emoción perfectamente diseñada, mi hija me cuenta que el desequilibrio es aún mayor, porque el Real Madrid ha quedado fuera de la Champion, y en la Copa del Rey lo ha eliminado el Albacete, “que es que es un equipo de tercera, mamá”, me dice, que eso parece ser como una eliminación más humillante.

Siguen parloteando sobre los tres entrenadores que ha tenido en una misma temporada, que parece ser que esto rompe mucho la continuidad de estilo de las estrategias de juego, y me cotillean la bronca que ha habido en el vestuario entre un uruguayo y un francés, hospital, puntos, expedientes sancionador, filtraciones y desmentidos incluidos y pienso que esas tensiones no parecen simples diferencias deportivas sino síntomas de una alarmante erosión del compañerismo y que seguramente se tratará de egos mal ensamblados.

Con estos datos, y mientras me cuento 20 convencida ya de que las gano, termino por pensar que el Real Madrid, cuya grandeza histórica es innegable, parece ser que constata una imagen de descomposición deportiva, institucional y humana.

Luego me cuentan que “fíjate Mbappé, que, lesionado y todo, dicen que anda de crucero con la Esther Expósito, con lo que pidieron que le fichara el Real Madrid, que menuda insistencia y ahora hay hasta una petición popular para que le echen.”

¿Esther Expósito es la de la canción esa de Dani Martín, no?” y tarareo.

Me miran en plan: “estamos hablando de algo trascendente mamá, de futbol”.

¿Trascendente? A mi empieza a parecerme salseo y vuelvo al tema de los logos de músicos en las camisetas, porque, de verdad les digo, ya me dirán cómo se ha llegado a esto. Que hasta la irreverente lengua de los Rolling Stones estuvo en las camisetas del Barça, lo sabían?.

Pues parece ser que todo esto lo que pretende es construir relato, experiencia y comunidad y Spotify, no es solo un patrocinador, sino el símbolo perfecto de una nueva era donde el fútbol se cruza con la música, las marcas y la identidad cultural y más allá de una mera estrategia comercial, es la constatación, leo por ahí, de que el fan moderno ya no sigue a su club sino a universos emocionales.

Y me da un poco de risa este concepto de seguimiento, trascendencia y entrega a algo tan inmensamente impersonal. Macroeventos patrocinados por gigantes tecnológicos sin identidad ni cohesión. Y recuerdo entonces el reciente concierto de mi querido Alis y me parece un fascinante paralelo con lo que las niñas me están contando.

Aunque la trascendencia, de ser algo aún trascendente en esta vida, no la veo en el futbol, la veo, en todo caso, en esa sala tan pequeña donde sí había identidad, donde si había cohesión, y conexión; donde la entrega, y hasta el viaje, si tenía sentido; donde no había macro patrocinador ni campañas de marketing gigantescas; donde el logo del cantante no se llevaba en la camiseta sino de verdad en el corazón.

Donde había verdadero arte y sensación de pertenecer a algo que no ha sido devorado por la masa. Donde la emoción de llevar 20 años compartiendo, se tocaba.

Pero claro, cada uno se emociona con lo que quiere.

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