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#ElMonoDesnudo: Del secuestro de la cultura y el deporte, por Gloria Pérez de Colosía

#ElMonoDesnudo: Del secuestro de la cultura y el deporte, por Gloria Pérez de Colosía

Por si no fueran suficiente los turbios aprietos del Gobierno y la desorientada condición de la oposición, la política exterior, en un país de ofendiditos como es el nuestro, encuentra una ancha ventana por la que entrar, y esto de Palestina e Israel y los posicionamientos de unos y de otros, ha producido que ni el entretenimiento permanezca ajeno al debate.

Habrán oído ustedes que en la etapa de Bilbao, protestas pro-Palestina contra el equipo Israel-Premier Tech, boicotearon la vuelta ciclista tan solo a 3 km de la línea de llegada, lo que causo su suspensión y la ausencia de puntos para la clasificación, coartando, ni más menos, que el derecho al trabajo pues, no debemos olvidarlo, por mucho que la bicicleta simbolice esa libertad y esfuerzo que, o te apasiona o no la coges ni en el gimnasio, los corredores de la vuelta ciclista estaban trabajando y han accedido a ese trabajo tras una clasificación. Todos ellos, el Israel-Premier Tech, equipo de categoría ProTeam también.

Y lo de las protestas está bien, pero no la forma de boicot que pretendían, y ciertamente consiguieron, esos comportamientos incívicos que atentaron contra la seguridad y la convivencia poniendo en peligro la vida de los asistentes, corredores y organización y dejando un balance de tres detenidos, cinco identificados y cuatro agentes lesionados.

No solo en el deporte se produce esta irrupción de octavilla. La música, lejos de ser refugio, se ha vuelto testigo de pulsiones morales, tanto por alzar la voz desde una posición privilegiada como por callar y no manifestarse.

Y es que, recientemente, el fondo estadounidense KKR, que ha invertido en firmas israelíes de ciberseguridad y posee intereses inmobiliarios en Israel, compró en 2024 el grupo empresarial que organiza en España muchos de los festivales y conciertos veraniegos.

Al igual que se ha utilizado la vuelta ciclista por la participación de un equipo israelí, agrupaciones pro palestina impulsadas por, quédense con el nombre, BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones), han aprovechado la participación de la organización KKR en asuntos israelís para intentar la cancelación de eventos, veto a grupos musicales, a empresas anunciantes e incluso a simples trabajadores de la organización de los festivales, transformando espacios culturales en escenarios forzados de activismo político.

Ocurrió con Serrat y Sabina, que cerraron su gira de 2012 en Tel Aviv. Ocurrió con Red Hot Chili Peppers, cuyo bajista, permítanme que lo diga porque en estos días se celebra el 40 aniversario, era el malo de Regreso al Futuro.

Y ha ocurrido con Rosalía, y se politiza Eurovisión y ahora la han tomado con Radiohead, pretendiendo la suspensión de sus 4 conciertos de noviembre en Madrid, tratando de impedir, de nuevo, el derecho al trabajo.

Lo llaman “protesta legítima”; pero a mí me parece que tiene tintes de una apropiación cobarde, porque hay una diferencia enorme entre defender una causa y parasitar espacios que no le corresponden. La utilización de los eventos deportivos y culturales como armas arrojadizas no es valentía, sino chantaje emocional.

El ciclismo, la música, el teatro o cualquier disciplina cultural no son campos de batalla ni altavoces propagandísticos. Son templos universales, refugios inviolables, lugares donde, por unas horas, las banderas, los dogmas y los odios han de dejarse a un lado para que hablen la fuerza, el talento y la emoción compartida. Secuestrar esos espacios para atacar a Israel es utilizar el esfuerzo ajeno para un eslogan. Es disfrazar de ética lo que en realidad es oportunismo.

Además de agredir a un público que acude en busca de deporte o cultura y no de propaganda, obligándole a elegir un bando, se banaliza una causa muy legitima de defender, consiguiendo el hartazgo y desprestigio de un mensaje que, de tanto repetirse en lugares inadecuados, termina perdiendo todo interés. Se utiliza una tragedia humana y se convierte en un eslogan de pancarta, quitando dignidad a la causa que dicen defender.
Y he de decir, supongo que lo entiende todos, que no estar conforme con esta forma de protesta no significa no condenar lo que ocurre en Gaza, pero si la neutralidad se convierte en pecado y el silencio en juicio, la libertad pierde su pulso.

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