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VÍDEO BLOG #Miedodequé?: El libro de Federico y el paralelismo entre las violencias de la izquierda en los años 30 y en la actualidad

VÍDEO BLOG #Miedodequé El libro de Federico

VÍDEO BLOG #Miedodequé?: El libro de Federico y el paralelismo entre las violencias de la izquierda en los años 30 y en la actualidad, por Víctor J. Hernández Bru.

Leyendo en estos días el libro ‘El retorno de la derecha’ de Federico Jiménez Losantos, me ha llamado especialmente la atención, entre otros muchos de esta pequeña joya de la historia y de la cultura, un párrafo en el que se refiere, sin mencionarla, a la supuesta pero comúnmente aceptada superioridad moral de la izquierda.

Dice Federico que “el Partido Radical era, el único partido republicano con historia el 14 de abril de 1931. Y su líder, que había evolucionado desde el extremismo violento como Emperador del Paralelo barcelonés a un laicismo antinacionalista y defensor de la propiedad privada y la libertad individual, recibió en 1933 u 1936 buena parte del voto de una clase media espantada por el sectarismo anticatólico del Gobierno de Azaña y, empezando por la quema de iglesias que, sólo dos semanas después de la proclamación de la República, inauguró la total impunidad del delito político… siempre, claro está, que lo cometieran las izquierdas”.

No me negará el avezado y siempre despierto oyente/lector de este espacio, que el relato, profundamente anclado en la más minuciosa descripción de la historia de aquellos días, que posteriormente han pervertido numerosos políticos disfrazados de historiadores, de los que en Almería tenemos una notable representación, con el secretario de Estado para la Memoria Democrática, Fernando Martínez, a la cabeza, activa el resorte comparativo con la actualidad catalana y con esos hechos que hace cinco años eran unánimemente catalogados como terrorismo callejero intolerable y condenable y que ahora son aceptados por parte del espectro político, el de la izquierda, obviamente, habida cuenta de la necesidad de contar con los votos de los independentistas.

Estamos ante un hecho tan innegable como bochornoso, tan cierto como aceptado socialmente, a pesar de lo que supone de agravio comparativo, de ley del embudo, de paja en el ojo propio y viga en el ajeno: la izquierda tiene derecho a justificarlo absolutamente todo, mientras que cualquier ventosidad de la derecha es observada como un gran crimen de estado.

En aquella época, hablo de 1936, la República había sufrido un golpe de Estado pero de los de verdad, el de 1934, con declaraciones de independencia, sublevaciones y todo tipo de violencias, que requirieron de la firmeza de las fuerzas gubernamentales para ser sofocadas. Gobernaba, huelga decirlo, la derecha, la derecha republicana; y el golpe lo protagonizaron esas izquierdas tradicionalmente irrespetuosas con la voluntad popular (no creo que sea necesario ahora recordar hechos mucho más recientes, como los autobuses fletados a Sevilla bajo el lema ‘alerta antifascista’ para protestar porque el pueblo andaluz había elegido el gobierno de Moreno Bonilla, o sea, de PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox; o el rodea al Congreso de comunistas y socialistas).

En aquella época, como bien refleja Jiménez Losantos en su libro y han pervertido tradicionalmente la caterva de políticos disfrazados de historiadores, aquel golpe fue desbaratado, pero el país se sumió en un enfrentamiento civil soterrado, que terminó por estallar debido a las violencias de la izquierda (expropiaciones ilegales, quema de edificios civiles y religiosos, asaltos a medios de comunicación y agresiones personales, entre otras lindezas) y también a la más que sospecha de pucherazo en las elecciones de febrero de 1936.

El asesinato del líder de la CEDA, Calvo Sotelo, días antes del alzamiento nacional, fue indudable e incuestionablemente la mecha que terminó por hacer explotar una situación que ya se tornaba insoportable desde hacía mucho tiempo. Hoy en día, los amigos del actual Partido Sanchista Trolero Español, el Partido Chapotista, no dudarían en partirse la cara por defender que aquel asesinato “no atentaba contra los derechos humanos”. ¿O no, Félix Bolaños? ¿O no, José Luis, Juan Antonio, Adriana, Juan Manuel, Esperanza, Mari Toñi? Pues eso…

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