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VideoBlogPaseoAbajo: El control, por Juan Torrijos

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Si algo le gusta al político, incluso más que comer, es el control sobre la sociedad, sobre el ciudadano. Convertirnos en siervos a cambio de una paguilla, una subvención. Tienen varias formas de lograr esa situación, entre ellas las leyes y las subvenciones se llevan la palma. El reparto de dinero público desde los gobiernos se ha convertido en la coacción que se le hace a la que debería ser la libertad de la sociedad y del ciudadano. Miles de colectivos, dentro y fuera de nuestras fronteras, algunos sin claro motivos para ello, reciben dinero del gobierno central, del autonómico, del provincial y hasta del municipal. Con ello logran el silencio, la crítica del ciudadano ante sus políticas.

Me cuentan que un consejero de la Junta se reunía hace unas semanas con una asociación almeriense que tiene como meta que el agua llegue a sus regantes. Hubo buenas y hermosas palabras, así me lo aseguran. Pero, la citada organización no necesita imperiosamente la subvención económica del gobierno ¡aleluya, aleluya! Tiene, me cuentan, ochenta millones de euros dispuestos para construir una pantaneta, con la que asegurar el agua para sus asociados. ¡Más aleluyas!

Lo que debería ser una alegría para un gobierno, un político, una consejería, no lo parecía, viendo la cara del representante que participaba en la reunión. Lo único que necesitan de la administración es que lleve a cabo la tramitación de permisos con cierta celeridad, solo piden eso: Colaboración.

Poco piden, pensarán ustedes. ¿Y qué es lo que quiere la Junta? Controlar la agrupación, las aguas que puedan venir o traer, esa pantaneta a construir, y si es posible, los ochenta millones de euros.

Control, control, control. Lo estamos viendo en las políticas del gobierno central, en las que solo se piensa en cómo controlar a los ciudadanos, a los medios, a las redes y a todo quisque que pueda o quiera levantar la cabeza o la voz. Lo mismo ocurre con el gobierno del convento sevillano. Si ellos no ponen dinero, si Juanma Moreno no da una subvención, Ramón, su consejero, no puede controlar a la organización. Y eso no les parece interesante, pierden el control. Buenas palabras en las reuniones, pero el gesto de sus rostros denota que no hay satisfacción ante la libertad de cualquier colectivo, y menos cuando se trata de uno, como es en este caso, que tiene poder económico para llevar a cabo sus proyectos sin necesitar el dinero público de la Junta. Y eso les hace libres, y esa hermosa libertad ganada por ellos mismos no es del agrado del político.

No lo van a reconocer los políticos y se entiende que no lo hagan, pero es la puñetera verdad y les escuece. Si ese fuera el devenir del resto de los colectivos sociales, no necesitar para trabajar la subvención estatal, este sería un país y una sociedad libre, con lo que el control y el poder no estaría en manos de los cuatro políticos de turno.

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