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#ElMonoDesnudo:DE LAS TETAS DE ALMERÍA, por Gloria Pérez de Colosía

#ElMonoDesnudo:DE LAS TETAS DE ALMERÍA, por Gloria Pérez de Colosía

Hay pocas cosas más respetables, en apariencia, que una asociación nacida para defender pacientes. Pocas figuras generan mayor blindaje moral que quien dice representar a mujeres enfermas, vulnerables o víctimas potenciales de un sistema sanitario deficiente. Y pocas etiquetas resultan tan cómodas como esa tan repetida de “somos apolíticos”.

Apolítico.

Una palabra maravillosa.

Porque en España, decirse apolítico suele equivaler, sin darnos cuenta, a hacer política con mejores condiciones reputacionales.

Y eso es precisamente lo que empieza a resultar llamativo en el caso de AMAMA.

La asociación que durante la crisis de las mamografías en Andalucía adquirió un protagonismo absoluto denunciando retrasos, supuestos fallos y graves deficiencias en los cribados de cáncer de mama, se convirtió en uno de los símbolos más visibles que golpeó a la Junta de Andalucía y a su deficiencia en la gestión sanitaria.

Hasta ahí, todo lógico.

El problema aparece cuando esa legítima defensa sanitaria empieza a difuminar peligrosamente la frontera entre reivindicación social y estrategia electoral.

Porque ahora, esa misma AMAMA que reivindicaba su independencia, su neutralidad y su condición estrictamente social, aparece alineada de forma cada vez menos disimulada con el PSOE almeriense, participando en actos políticos que sirven de inspiración argumental para la candidatura de María Jesús Montero, precisamente en uno de los terrenos donde los socialistas creen poder erosionar más al gobierno andaluz: la sanidad pública.

Y ahí es donde conviene detenerse.

Porque cuando una asociación insiste en su carácter apolítico mientras se incorpora, de facto, a una narrativa de partido, la pregunta deja de ser sanitaria para convertirse en política.

No se cuestiona aquí el derecho de nadie a posicionarse. Faltaría más.

Lo que resulta cuestionable es pretender que una evidente posición partidista siga vendiéndose como neutralidad institucional.

Porque entonces ya no hablamos de defensa de pacientes.

Hablamos de instrumentalización de la sanidad, igual que se instrumentaliza la violencia machista cuando hay que reforzar determinados marcos ideológicos; igual que se instrumentaliza la protección de menores cuando resulta útil para blindar discursos morales; igual que se instrumentaliza la prostitución cuando se proclama su abolición desde el gobierno, mientras algunos piezas del mismo ecosistema político no tienen reparo en consumirla.

Todo puede convertirse en herramienta.

La enfermedad, la infancia, la igualdad, la pobreza, la identidad o la seguridad pueden convertirse en mercancía política, en munición emocional diseñada, no para resolver problemas, sino para su capitalización electoral.

Y la sanidad, por supuesto, no iba a ser menos, convirtiéndose en palanca electoral.

No parece casualidad que mientras María Jesús Montero, con su particular narrativa de salvadora institucional, convierte la crisis sanitaria en uno de sus principales ejes de desgaste contra Juanma Moreno, como si ella no hubiera formado parte durante décadas de esa estructura sanitaria, determinadas asociaciones aparentemente neutrales, aparezcan cada vez más alineadas con su discurso.

Porque, señores y señoras de AMAMA, una cosa es denunciar una crisis sanitaria, y otra muy distinta convertirla en combustible electoral.

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