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 #ElMonoDesnudo: DE ALIANZAS ESTRAMBÓTICAS Y RARAS, por Gloria Pérez de Colosía

 #ElMonoDesnudo: DE ALIANZAS ESTRAMBÓTICAS Y RARAS, por Gloria Pérez de Colosía

Las alianzas en política no solo son normales, son además inevitables.

Nadie obtiene mayorías absolutas siempre, así que toca pactar. Y pactar implica ceder. Y ceder implica traicionar un poquito a quien te votó. Hasta ahí, democracia adulta, el votante asume que el partido A negocia con el B, el C acepta una concejalía que nunca quiso y todos salen en la foto diciendo que se ha antepuesto el interés general al del partido.

Perfecto.

Lo que ya no es tan natural es que partidos con programas incompatibles, ideologías opuestas y votantes que jamás compartirían mesa en Nochebuena, decidan aliarse con un perturbador delirio, y no para construir algo concreto, sino para evitar que gobierne otro.

No me parece que sea solo deseo de gobernabilidad, sino algo parecido a lo que se hace en el patio del colegio cuando uno se junta a un grupo, no porque le caiga bien, sino porque hay uno que le cae peor.

Adivinarán ustedes, por cercanía, que me estoy refiriendo a lo ocurrido en Garrucha donde, tras las elecciones, la aritmética permitió un acuerdo entre Partido Popular, Vox y Garrucha con la Gente, ese grupo local cercano al espacio de Podemos que, por fin, tras tres años, ha asumido la Alcaldía esta semana pasada. Tres proyectos políticos que no comparten ni modelo de Estado, ni modelo económico, ni modelo social.

Pero compartían entonces algo mucho más poderoso, impedir que gobernara el PSOE y me pregunto yo si aquello fue solo a nivel ideológico o, si siendo más personal, la respuesta era necesaria.

En cualquier caso, la teoría del poderoso enemigo común.

Ese pacto de mayorías, que no explica un programa sino una fobia, no es, ya pueden suponer, exclusividad de Garrucha y me surge a mí la duda sobre si esta alianza internacional que acaba de ocurrir en Europa no se habrá construido en torno a un enemigo común en lugar de a afinidades y el objetivo oficial de la reunión preliminar para coordinar posiciones era para confundir, siendo que el objetivo real era simplemente dejar fuera a España.

No lo creo, ¿verdad?

Tampoco son estas alianzas de conveniencia exclusivas de la política; también prosperan fuera de los plenos, en ese territorio donde se cruzan justicia, reputación y espectáculo.

Y así me parece a mí que debió surgir el episodio de las acusaciones contra Julio Iglesias, con una extraña alianza entre las dos trabajadoras que dijeron haber sufrido agresiones sexuales y esa ONG internacional especializada en litigios estratégicos, Women’s Link Worldwide.

Tras un despliegue mediático inmediato, titulares acusadores y veredictos morales en tiempo récord, llegó el archivo por falta de jurisdicción. Esto es, los Tribunales españoles no eran competentes para conocer del caso. Vamos, que se equivocaron de ventanilla al presentar la denuncia.

Y la pregunta que les haré deja de ser jurídica y pasa a ser mundana.

¿Les parece a ustedes creíble que una organización que se dedica a esto a lo largo de todo el planeta, no sepa con certeza en qué país corresponde presentar cada denuncia?

¿De verdad no tienen a nadie que compruebe la competencia territorial antes de liar ese terremoto mediático, o es que acaso el proceso judicial era secundario frente al proceso público?

Siendo que la torpeza jurídica en el planteamiento cuesta creerla, queda probado, para mí, que solo se pretendía hacer ruido. Y, desde luego, la alianza -no digo yo conspiración, Dios me libre- funcionó y el daño reputacional sí tuvo jurisdicción universal.

Similar a lo ocurrido con Errejón, que como cae tan mal, parece que importa menos, pero hombre, las cosas por su nombre. Esta alianza, intermitente en plan ahora sí, ahora no, que Elisa Mouliaá ha hecho con distintos equipos según soplaba el viento, ha causado ese mismo efecto. Alianzas no para demostrar algo, sino para causar un caos.

Y quizá ese sea el signo de nuestro tiempo, la líquida fidelidad ideológica. No se buscan acuerdos para construir, sino compañeros circunstanciales para derribar al contrario.

Les confesaré que, en previsión de que algo así me suceda a mi y mis compañías resulten ser, sin yo saberlo, más de conveniencia que sólidas, hoy me he venido a escribirles esto a la Isleta del moro, frente al rugiente mar, y eso que me llevo, por si el disgusto llegara pronto.

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