#ElMonoDesnudo: De Quijotes y Sanchos, por Gloria Pérez de Colosía
Está el panorama político como para hablarles de una sola cosa.
Me recuerda, y casi sin salvar las diferencias, a cuando uno va a un festival de esos con cuatro escenarios e irremediablemente ha de sacrificar alguno de los conciertos porque el don de la ubicuidad aún no nos ha sido otorgado.
Además, la brutal polarización a la que hemos llegado hace que la gama de grises haya desaparecido, teniendo que elegir entre ser Quijote y aferrarse, mientras dure, a la crisis ideológica que refleja la tensión entre el mundo que fue y el que llega intentando encontrar un sentido a una sociedad en transición, o ser Sancho y disponerse en un realismo y pragmatismo que no deja de ser, en realidad, la voz del sentido común.
Así que, dada mi imposibilidad de abarcar todo el panorama, hoy voy a cambiar el formato de mi blog y voy a narrarles el dialogo que perfectamente podría darse si nuestros más famosos personajes cervantinos habitaran estos nuestros tiempos y vieran estas nuestras cosas.
Imaginen a Don Quijote cabalgando en una sesión plenaria interminable, luchando, no contra gigantes de brazos alzados, sino contra políticos que pelean con más aspavientos que lanzas. A su lado, Sancho Panza, más hinchado de realismo que nunca, observa el panorama con resignación manchega. Ambos avanzan por un país dividido entre quienes creen poder salvarlo y quienes simplemente, ya con la gobernanza perdida, solo pretender mantener su poder ahí, como si España fuera su propiedad.
-“Sancho” —diría el hidalgo, ajustándose el yelmo—, “he oído que Mazón, aquel caballero del levante, ha dimitido. ¿Lo habrá hecho por el peso del honor?”
-“O por el peso de los sondeos, mi señor” -respondería Sancho- “Que en esta tierra el honor cotiza menos que la conveniencia.”
Renuncia noble en boca del romántico Don Quijote, pero Sancho, que se las huele por otros lares, sospecharía que más que caer, Mazón se está reposicionando para otro banquete. Y es que la dimisión de Mazón, entre otros por motivos de salud según él mismo, llega tarde. Eso lo sabemos todos. Pero además llega tarde y mal, sin un ápice de asunción de responsabilidad y queriendo pasar de verdugo a víctima
En el camino se cruzan con una agitada multitud que hablan sobre el bolso de la hija de Yolanda Díaz, que tanto si es el original de elevado precio, en cuyo caso, es una más de esas que nos hacen, declarando una cosa y haciendo otra, como si es falso, legitimando la Ministra de Trabajo las falsificaciones en contra de la campaña de su propio gobierno lanza estos días, es la trascendencia mediática la que hace reflexionar a qué nos dedicamos:
-“¿Acaso ese objeto tiene poderes?” —preguntaría Don Quijote.
-“Ninguno, salvo el de distraer a la gente de lo importante”, contestaría Sancho. “Es el nuevo molino, señor: se agita mucho, da vueltas, pero no muele pan.”
Distraernos, ciertamente, desviándonos de lo importante, que hasta la ilegalidad de gobernar sin presupuesto se ha vuelto ya uso común y enjuiciar al mismo Fiscal General del estado, ese caballero, supuesto defensor máximo del ideal de la justicia, se ha vuelto parte del noticiario diario.
-“Cada cual tiene su molino, señor”, diría Sancho resentido
-“Cual el tiempo, tal el tiento», le replicaría el idealista Don Quijote, sumiso, pero sin entender cómo es que puede ser juzgado el propio guardián de la ley por, precisamente, saltarse la ley. Y mientras se alejan del debate sobre complementos de moda, su ruta los lleva a enterarse del abandono de Junts al PSOE, una ruptura tan esperada como calculada. Don Quijote, creyente de las alianzas por el bien común, vería en ello una tragedia política y Sancho, más escéptico, se encogería de hombros:
-“Ay si los hombres actuaran con nobleza, que buen corazón quebranta mala ventura”, diría Don Quijote alojado aún en su utópica realidad.
-“Si vuestra Merced, pero adonde interviene el favor y las dádivas, se allanan los riscos y se deshacen las dificultades, y los favores ya se han terminado”, respondería Sancho, que sabe lo que es la motivación por necesidad y supervivencia.
Avanzando, pues, por la llanura mediática, donde los tertulianos son nuevos caballeros andantes y los votantes, escuderos sin sueldo, cada noticia les resultaría una aventura.
Y así, mientras el sol se pone sobre las cortes y los presupuestos siguen sin aprobarse, el hidalgo Don Quijote seguiría esperanzado aún con que la virtud, la humildad y el honor puedan volver al gobierno y Sancho le ofrecería un trozo de pan y le aconsejaría que no mirara Twitter, en una España en la que todos quieren tener razón y nadie quiere tener la culpa.
Me pregunto si ustedes me ven más como Don Quijote o como Sancho y supongo que la respuesta es “por días”. Don Quijote cuando pienso en Dulcinea, Sancho cuando entro en Tinder, alternando, porque no queda más remedio, en un dialogo constante entre el idealismo y el realismo.
Y mientras, en otro rincón del mundo, el 3I Atlas, aún sin cambiar su órbita, se ha puesto a acelerar.

