#VideoBlogPaseoAbajo: El rebaño abandonado, por Juan Torrijos
No es fácil el don de la ubicuidad en los seres humanos, lo sabemos. No se le puede pedir a un sacerdote, por mucha recomendación que tenga con las alturas, que esté en siete pueblos al mismo tiempo y diciendo misa cada domingo en todos ellos. Los curas no dejan de ser hombres mortales que no han alcanzado todavía a ser dioses, y por lo tanto no tiene el don de la ubicuidad, achacable solo al Dios supremo. Ni el Papa lo ha conseguido todavía, con eso está todo dicho. Entiendo los problemas que debe tener don Antonio Cantero, el obispo, ante el descarrío que se produce en su rebaño almeriense. No hay pastores para todas sus ovejas, y el rebaño anda bastante abandonado en algunos pueblos. Los domingos esperan el sonido de la campana llamando a misa, pero la misma permanece en silencio, no se oye su llamada a los católicos para que acudan ante la palabra de Dios. La campana no lanza al cielo en esa mañana de domingo la alegría de su sonido. Y la gente se siente descorazonada, sola, desubicada, descarriada y abandonada de su pastor.
Solo les queda la televisión, pero en ella no participan, no cantan, no reciben la comunión, no hablan entre las vecinas, no se han vestido con las galas dominicales y, al no celebrarse la misa, no van después al bar a tomarse la cerveza platicada de cada domingo. Don Antonio, señor obispo, tiene usted que buscar una solución. No pueden estar las ovejas tristes, y así andan tras los domingos sin misa en muchos pueblos de su diócesis. Hable usted el con el Papa si hace falta, pero no se puede dejar a la gente sin la celebración de su misa dominical. Algún cura ha comentado que tienen que trabajar un poco más, que no hacen los sacerdotes todo lo necesario para mantener a la grey en la fe de Cristo, que hace falta un esfuerzo mayor en la curia almeriense para estar presente en todas y cada una de las iglesias donde el rebaño les necesita.
Señor obispo, si lo manifestado por este sacerdote es cierto, algo tendría que hacer usted. No se trata de que saque el látigo, eso nunca, pero lo mismo tiene que hacer un llamamiento ante el abandono que en los pueblos pequeños del interior tiene el rebaño de la Iglesia Católica. Lo mismo tienen que aprender de Cajamar, viaja a los pueblos un día a la semana y con autocaravana (gran persona Jacinto, por cierto), lo mismo podían hacer ustedes, coche repartiendo y recogiendo curas los domingos a lo largo de la mañana. Tres misas por cura pueden caer en esa mañana, tres pueblos donde las ovejas recibirán y serán felices oyendo la palabra de Dios. Y si hay que ir los sábados por la tarde, tampoco es desdeñable esa opción. No es la ideal, evidente, pero es comprensible que, ante la falta de vocaciones en años anteriores, con los seminarios vacíos como han estado y están, se note en el trabajo semanal de los sacerdotes.
Lo cierto es que las ovejas, don Antonio, necesita a su pastor. ¿Aunque quizás sea al revés ¿qué futuro les espera a esos pastores si mañana les dan la espalda esas abandonadas ovejas?

