VÍDEOBLOG #Miedodequé: ¿Quién le paga ahora su tiempo en prisión a Dani Alves?, por Víctor J. Hernández Bru.
No es el final de la guerra, ni mucho menos, pero sí una batalla ganada de la manera más inesperada y cuando ya todo parecía perdido. La sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, absolviendo a Dani Alves de un presunto delito de agresión sexual, no significa que hayamos salido del Estado totalitario que nos han impuesto el socialismo, el feminazismo y la izquierda desde el año 2004, con leyes que van en contra de la igualdad, de la justicia, de la presunción de inocencia, de los derechos fundamentales, de la Carta Europea de Derechos y de la propia Constitución Española.
Significa, simplemente, con lo importante que ello ya es, que de repente aparecen jueces capaces de sentenciar en favor de todo eso, básicamente de la ley y de los derechos fundamentales, del Derecho comúnmente aceptado y de la igualdad de hombres y mujeres ante la ley, así como en contra de una doctrina impuesta por la izquierda con la complacencia y la cobardía de la gran mayoría del resto de agentes sociales, políticos, institucionales y también judiciales.
El TSJC ha dictaminado algo tan sencillo, tan claro, tan rotundo y tan de sentido común, además de tan legal y justo, como que no hay pruebas que demuestren que el señor que había sido acusado sea en realidad culpable. Y eso puede suponer el peligro de que sí lo sea y salga absuelto, que es justo lo que ocurre en el resto de delitos que son juzgados.
Si alguien es denunciado por robo, por agresión, por asesinato, por cohecho, por desfalco, por corrupción, por injurias a la corona o por conducción temeraria, será inocente si nadie es capaz de reunir y presentar las pruebas suficientes de que es culpable. Así lo consagran el artículo 48 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, el 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el 24.2 de la Constitución Española.
Leyes como la Integral de Violencia de Género o la llamada del ‘Sólo sí es sí’, impulsadas por la izquierda, por el PSOE, por Podemos y Sumar y por el feminazismo dominante, conculcan estos tres textos de derechos fundamentales y otros muchos; y lo hacen porque nadie ha tenido, hasta ahora, la valentía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, de hacer prevalecer el derecho a la presunción de inocencia y la igualdad de hombres y mujeres ante la ley.
La reacción de la izquierda ha sido la esperada, con la ministra de Igualdad, Ana Redondo, y la vicepresidente del Gobierno, MJ Montero – ‘Sobaquillo Veloz’ a la cabeza: hablar de justicia patriarcal y defender la barbaridad de que hay que creer el testimonio de la mujer que denuncia por violencia de género, cuando no hay que creer a quien denuncia por asesinato, por robo o por agresión de otro tipo.
Para esta gentuza, los hombres son, somos, seres de segunda categoría, sin el derecho a la presunción de inocencia que sí asiste al resto de ciudadanos, obligados a reunir pruebas que demuestren nuestra inocencia y sin derecho a no ser agredidos por una sentencia sin las pruebas de culpabilidad necesarias. Esta visión injusta y totalitaria de la vida, la del feminazismo y de la izquierda, especialista en retorcer la ley a su antojo y en su beneficio, es la que ha sido justamente damnificada por esta sentencia, pero que nadie piense que la guerra se ha acabado. La izquierda y el feminazismo seguirán trabajando para imponer un modelo de vida y de Justicia absolutamente injustos. Mientras tanto, ¿quién restituye a Dani Alves, ahora legalmente inocente, el daño causado por este tiempo en prisión? ¿Y quién se lo restituye a todos esos hombres que son condenados sin pruebas, a los que posteriormente demuestran su inocencia y a los que pasan fines de semana en el calabozo sin nada que pruebe que hayan cometido delito alguno, algunos de los cuales inspiraron mi novela ‘Diario de un Maltratador’?

