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#ElMonoDesnudo: De la turismofobia y las sanantes frutas de Aragón, por Gloria Pérez de Colosía

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#ElMonoDesnudo: De la turismofobia y las sanantes frutas de Aragón, por Gloria Pérez de Colosía

Recordarán, algunos de ustedes, aquella magnifica película de Pedro Lazaga de finales de los años 60 en la que, con frutas y un castillo como aliados, un alcalde de un pueblo de Aragón pretendía convertir su pueblo en un gran centro turístico a fin de hacerlo crecer y desarrollarse.

Frutas de Aragón, claro está.

El turismo es una gran invento” se estrenó en 1968 y fue una de las películas más representativas del boom que la construcción tuvo en España en esa década.

Los turistas, atraídos por el sol, la sangría y la playa, llenaban nuestras costas año tras año, convirtiendo a España en 2023 como la primera potencia turística europea y segunda del mundo, por detrás de Estados Unidos, al que incluso adelantará, según las previsiones, en 2040.

Tras varias caídas del sector y la evolución de la oferta desde la tradicional habitación de hotel hasta el concepto de co-creación de experiencias, el perfil del turista se ha ido modificando y, una vez salvado el inicial recelo de ese periplo, en ocasiones casi de peli de espías, para conseguir la llave, empieza a preferir el llamado apartamento turístico, en lugar del hotel.

Los pisos turísticos, que en realidad surgen en los años de crisis como complemento económico o incluso como el único recurso ante la gran dificultad de la venta, llegaron también para cubrir esa exigencia, cada vez mayor, del nuevo perfil de turista.

Sin embargo, el tan aplaudido nuevo modelo de alojamiento no ha traído solo bondades y, a la vuelta de algunos años, la alegría por los primeros frutos del turismo queda lejos y las molestias que provoca en los vecinos se han convertido en irritación y fuerte aversión, surgiendo esa categoría antagónica, la turismofobia.

En Barcelona, ciudad con una alta incidencia de este tipo de alojamiento, el alcalde ha decidido no renovar las licencias de sus 10.000 establecimientos con el objetivo de que no queden inmuebles de esta modalidad de alquiler a partir de 2029. Decisión que ha sido ya recurrida por el PP ante el Tribunal Constitucional

El Ayuntamiento de Madrid, donde solo un 7,4% de las 13.500 viviendas de uso turístico operan bajo licencia, ha impulsado un plan que contempla sanciones a los propietarios que operen de forma ilegal con multas que van desde los 30.001€

Valencia, Canarias, y la última gran manifestación, el pasado Domingo en Mallorca con el lema “Cambiemos el rumbo, pongamos límite al turismo”.

Así, casi 60 años después de que Paco Martínez Soria fuera el primero en pretender llevar la playa a su pueblo -¿quién no lo ha pensado alguna vez?-, cada vez son más las ciudades, no solo en España, que combaten la oferta de piso turístico porque disparan los alquileres, masifica los centros históricos, ejerce una competencia desleal y graves problemas de convivencia entre turistas y residentes.

En Almería este fenómeno, aunque ha llegado tarde, ha tenido un despegue instantáneo, pues si bien la media en España crece en 0.78 puntos, la capital almeriense lo hace en un 58.60, comiéndose los barrios de San Miguel del Cabo de Gata y el Zapillo.

Ante este voraz crecimiento, el grupo municipal de Vox en el Ayuntamiento ha denunciado la “pasividad” del equipo de gobierno del PP, dado que han transcurrido seis meses de la entrada en vigor del nuevo decreto de viviendas turísticas aprobado por la Junta de Andalucía y que permite a los ayuntamientos establecer limitaciones para frenar este tipo de alojamientos, y aún no ha hecho nada.

Desde Europa nos envían un nuevo Reglamento que será de ejecución en dos años y que ha hecho que el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, en un ejercicio de armonización de normas, proyecte crear una plataforma única estatal que controle y combata el fraude que se produce en este mercado de los pisos turísticos.

Sin poner en duda la evidente necesidad de regular y controlar este tipo de alojamientos ¿es cierta su saturación frente al alojamiento tradicional o es una cuestión ideológica que enfrenta residentes con turistas?.

Combatir la turismofobia demanda un enfoque equitativo que contemple las necesidades, tanto de los turistas como de los residentes, implantando estrategias de participación y colaboración relacional entre ambos.

No podemos llamar al alcalde Benito, pero sí podemos conseguir crear un entorno respetuoso para los residentes, atractivo para los turistas y seguro para ambos.

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