VÍDEOBLOG #Miedodequé: ¿Qué hacemos con Yolanda Díaz?, por Víctor J. Hernández Bru.
Comentaba ayer, un integrante de la Tertulia #SinComplejosHaciendoAmigos que la vicepresidente del gobierno, Yolanda Díaz, cariñosamente apodada Doña Rogelia Astronauta, está muy lejos de ostentar la capacidad suficiente para ostentar tan responsabilidad.
Más allá de que el aserto roza la perogrullada o al menos se instala en la evidencia más rotunda, el gran peligro no es que esta tipa cuente sus intervenciones por meteduras de pata, sino que esa nulidad intelectual, ese ‘bajocerismo’ cultural, esa apariencia real de ‘zurupetez’ se traslada también a su toma de decisiones.
Me voy a explicar. Doña Rogelia Astronauta es aquella integrante del gobierno que, no hace mucho, nos explicaba que los millonarios del mundo se están construyendo cohetes espaciales para marcharse a Marte cuando hayan destrozado nuestro planeta. Practicando una exégesis imposible, yo llegué a la conclusión de que la hija del capo sindical de CCOO Suso Díaz se refería a Elon Musk y a su empresa de expediciones espaciales. Pero vamos, cualquiera sabe.
Como dice Carlos Cuesta, Doña Rogelia no está teniendo su mejor siglo, pero esta semana está siendo especialmente fiel a su nivel intelectual, llegando a proclamar en el Congreso que “queda gobierno de corrupción para rato”, en una declaración que evidencia a medias que la lingüística castellana es un arcano para ella y que el conocimiento, el esfuerzo y el trabajo le son tan ajenos como la inteligencia.
Y en un brevísimo plazo de tiempo, la señora comunista de Cristian Dior volvía a coronarse asegurando que la político que proclamó en el Congreso aquella mítica frase, la de “el dinero público no es de nadie”, que conoce cualquiera que esté un poco al tanto de la actualidad política de los últimos años, fue una representante del PP, cuando en realidad fue la gran Carmen Calva, ex vicepresidente y ex ministra del PSOE.
Como digo, todos estos relatos absolutamente fidedignos con la realidad son demostraciones de la profundidad cultural, profesional e intelectual del personaje, pero podrían quedarse en anecdóticos, por cuanto su trascendencia real sobre la vida de los españoles es más bien escasa.
El problema es que doña Rogelia no se conforma con decir imbecilidades, sino que gobierna y propone medidas en forma de chantaje al consejo de ministros, como por ejemplo la de reducir la jornada laboral, con el quebranto económico que ello supone, según ella, para que los ciudadanos sean más felices; o la de aumentar extraordinariamente la cuota de los autónomos de este país.
El problema no es que tengamos una estúpida en el gobierno, que por cierto, no es ni mucho menos la única; el problema es que esa imbécil está en una posición de poder, porque sin sus votos no hay gobierno y eso la convierte en un mono loco y borracho con dos pistols en un consejo de ministros. La pregunta es, ¿qué hacemos con ella?

