VÍDEOBLOG #Miedodequé: El totalitarismo zurdo acorrala a la libertad de prensa en el Congreso y las asociaciones de prensa politizadas aplauden: nada nuevo bajo el sol, por Víctor J. Hernández Bru.
Lo vengo diciendo hace años: vivimos en un periodo, en medio siglo de colonización cultural, ideológica y social por parte de la izquierda a través de todos los ámbitos e instituciones con un único objetivo: instaurar el pensamiento único, la teórica y falsa superioridad moral de la izquierda, incluso por encima de la voluntad popular, que es torcida en repetidas ocasiones merced a esa trabajada, abnegada, maquiavélica y miserable estrategia.
La educación y las universidades, las asociaciones presuntamente civiles como las de mujeres o de la tercera edad, las redes sociales, por supuesto los medios de comunicación e incluso asociaciones en las que nadie mentalmente sano se atrevería a pensar en una politización como la de Mujeres con Cáncer de Mama de Sevilla, tienen sus puestos directivos copados por personajes que sólo están allí para implantar e imponer su ideología, cuando no directamente mandados por los partidos de izquierda. Todo forma parte de una estrategia y esto que digo no es ninguna teoría conspiranoica, sino el resultado del conocimiento de muchas de ellas.
Lo que viene sucediendo en el Congreso de los Diputados y en el entorno del gobierno social comunista es un claro ejemplo de ello. En el Congreso, los partidos zurdos por fin han conseguido suspender la acreditación de periodistas que no les gustan, como Bertran N’dongo o Vito Quiles. La argumentación es que son agitadores sociales y la demostración de que lo son es que hacen preguntas. Como ya dije hace algunas semanas, la pregunta es la herramienta principal del periodista. Ha sido así y jamás debe dejar de ser así. Y la obligación profesional del político, del representante institucional, es responderla; algo que hace tiempo que se incumple a todos los niveles.
Las formas de estos dos compañeros gustarán a unos y no a otros. A mí personalmente me apasionan, porque cumplen a la perfección una labor clave del periodista, que es incomodar al poder, tal y como han reconocido siempre incluso los mismos que ahora los castigan. Pero la clave no es ésa; la clave es que sus formas no tienen que agradar o desagradar, a la hora de valorar si pueden cumplir o no su trabajo. A Quiles le hemos visto privado de respuestas a sus preguntas en mil y una ocasiones, incluso con insultos contra él a la hora de ‘no responderle’. Es el totalitarismo típico de la izquierda: lo que no me gusta o no me favorece ha de ser prohibido.
Pero ya digo que los medios están absolutamente trufados, contaminados de esa colonización zurda. Aquí en Almería también lo vemos. Son célebres y constantes las noticias acerca de presuntos fallos en la sanidad pública, que luego se demuestra que no han sido así, con tiempos de espera a ambulancias que no son reales tal y como demuestra el registro telefónico de la unidad de Emergencias, las demoras que son falsas como la que denunció Fátima Herrera sobre Cruz de Caravaca o incluso las acusaciones por cuestiones que están dentro de la legalidad o los protocolos, como la noticia de La Voz del otro día que denunciaba un tiempo de espera de media hora a una ambulancia por un golpe en una costilla y estando el paciente atendido por sanitarios que se encontraban en el Campo de Fútbol de El Alquián, cuando ese tiempo de espera e incluso uno superior está perfectamente contemplado en los protocolos legales aprobados en su momento. En esos casos, al periodista no se le ocurre contrastar la información que recibe, sencillamente, porque se trata de atacar a la gestión de la derecha.
Pero hay más: durante esta campaña, hemos asistido a momentos memorables en cuanto a la renuncia de ejercer el periodismo en entrevistas cara a cara, sencillamente porque el entrevistado era de izquierdas. En La Voz, MJ Montero – Sobaquillo Veloz afirmó sin pestañear que El Algarrobico se veía desde el espacio exterior y el periodista ni se inmutó; en Diario de Almería, a Zapatero nadie se le ocurrió preguntarle por la derogación del trasvase del Ebro en su día, que tanto daño a hecho a la provincia, o por sus compromisos sobre la llegada del AVE en 2023, 2025 o 2026, todos ellos incumplidos, no sea que se enfade del señorito. Y así sucesivamente.
Ahora, el presidente de la FAFE, esa pantomima que es la Federación de Asociaciones de Periodistas, en su mayoría colonizadas por la izquierda, ha aplaudido la retirada de acreditaciones para N’Dongo y Quiles porque dice que eso no es periodismo sino activismo político, pero no explica por qué, no explica por qué preguntar ahora no es periodismo.
Y lo dice él, tras toda la vida ligado a El País y otros medios de Grupo Prisa, donde jamás se ha practicado el periodismo, donde siempre se ha trabajado al dictado del PSOE como en otros tantos y tantos medios.
El periodismo está en peligro hace mucho tiempo y la izquierda, que es quien se ha propuesto y en muchos casos conseguido acabar con él, se dio cuenta hace tiempo de que le vendría muy bien utilizar como ariete no sólo a todos esos otros ámbitos que tiene colonizados, parasitados, sino también a las asociaciones de la prensa. Y ahí está. Como dicen ellos, sin periodistas no hay periodismo y sin periodismo no hay democracia, eso que tanto ha molestado siempre a la izquierda.

