#Geopolítica: Estados Unidos e Irán: la lógica de un acuerdo posible, por Carlos Hugo Fernández-Roca
Bienvenidos a Geopolítica con Carlos Hugo Fernández-Roca. Hoy ponemos el foco en la posibilidad real de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán.
Todo indica que un acuerdo entre ambos ya no es solo posible, sino probable.
No hablamos de una solución estructural al conflicto. Hablamos de una fórmula de contención orientada a frenar la escalada antes de que el deterioro estratégico resulte inasumible para todas las partes.
¿Qué ha cambiado? Sobre todo, el contexto.
La tregua de diez días entre Israel y Líbano, aunque muy frágil, habría desbloqueado uno de los principales obstáculos. Hasta ahora, el frente libanés introducía una presión constante que hacía inviable cualquier avance real.
La tregua no resuelve el problema, pero sí abre espacio. Y en geopolítica, el espacio altera por completo el cálculo de los actores.
Al mismo tiempo, las negociaciones han dejado atrás la fase preliminar. Las maratonianas reuniones en Pakistán no han cerrado un acuerdo, pero eso no debe interpretarse como un fracaso. Al contrario: indica que las partes ya han entrado en la discusión de los asuntos verdaderamente sensibles.
Y el núcleo del conflicto sigue siendo el mismo: el programa nuclear.
Washington quiere imponer límites duraderos e incluso plantea una suspensión prolongada del enriquecimiento de uranio. Teherán, en cambio, solo acepta restricciones temporales. Y ahí está el punto central.
El uranio es el verdadero centro de gravedad de toda la negociación. En ese marco, la entrega de los 450 kilos enriquecidos al 60 % podría ser leída en Washington como un gesto de gran valor político, con capacidad real para desbloquear las conversaciones.
Pero hay un segundo factor que está empujando con fuerza hacia el acuerdo: el estrecho de Ormuz.
Por ese corredor transita cerca del 20 % del petróleo mundial y del gas natural. Eso convierte la crisis en un problema sistémico. El bloqueo externo impulsado por Estados Unidos y la capacidad de Irán para tensionar internamente el estrecho de Ormuz afectan de forma directa a Teherán, pero también están trasladando costes al conjunto del sistema económico internacional: energía más cara, rutas inestables, cadenas de suministro bajo presión, disrupciones en insumos estratégicos como el helio y mercados sometidos a una tensión creciente.
Nadie puede sostener ese escenario de forma indefinida.
Y ahí entra otro actor clave: China.
China necesita estabilidad energética. Depende del flujo de hidrocarburos que pasa por Ormuz y, al mismo tiempo, es el principal comprador de crudo iraní.
Por eso, su posición de fondo parece bastante clara: favorecer una desescalada.
Si juntamos todas estas piezas, el momento es elocuente. Hay presión, hay incentivos y, sobre todo, hay una ventana de oportunidad.
Mientras tanto, Washington continúa reforzando su presencia militar en la región con el envío de efectivos y buques de guerra. El mensaje para Teherán es inequívoco: o acepta una salida negociada, o se arriesga a una escalada total. En ese contexto, no sería descartable que Donald Trump viajara a Islamabad antes del 22 de abril, fecha límite de la actual tregua entre Estados Unidos e Irán, para cerrar personalmente el acuerdo.
Soy Carlos Hugo Fernández-Roca. Hasta aquí este análisis. Continuaremos explorando juntos los grandes movimientos del tablero internacional en el siguiente episodio.

