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#VideoBlog #Paseoabajo: ¿Cien mil almerienses prefieren vivir fuera?, por Juan Torrijos

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No recuerdo cuántos almeriense estábamos en los años setenta en Cataluña, tampoco los que había decidido irse a vivir a Madrid, a las Vascongadas o a cualquier otro punto del país. En Cataluña se hablaba en aquellos tiempos de un millón de andaluces. Entre los miles de almerienses hasta Manolo Escobar y su familia andaba por el barrio La Salud de Santa Coloma, antes de su traslado definitivo a tierras alicantinas.

¿Creen ustedes que esa gran mayoría de almerienses que vivían o viven en Cataluña se fueron porque no querían vivir en Almería? No es la impresión que teníamos los que allí estábamos. Nos fuimos de nuestra tierra, de nacimiento o acogida, porque el gobierno de aquellos años se dedicó a crear trabajo en otras zonas del país, y desangró al pueblo andaluz de sus hombres y de sus mujeres.

Es posible que hoy el ciudadano que salga de Almería lo haga para encontrar un destino mejor, una ciudad más grande donde encontrar la felicidad, un salario más gratificante y hasta que prefiera otra tierra donde vivir. Pero eso no ocurría en los setenta, ni en los ochenta, ni incluso en los noventa. La gente tuvo que emigrar por obligación, por falta de trabajo, por falta de posibilidades, y en algunos pueblos del interior por hambre. Suena mal, lo sé, y a algunos no les gustará leerlo, pero es la dura realidad de aquellos años.

No preferían vivir fuera de su tierra, de Almería. La sociedad creada a partir de la década de los cuarenta los obligó a emigrar de sus casas, de sus pueblos y de sus familias. Y los abandonó en medio de una sociedad que los maltrató, los llamó charnegos, andaluces destruidos (hay un libro de Pujol donde se habla de lo que es el andaluz para esa sociedad nacionalista-secesionista-racista catalana), y cuantas lindezas querían decirnos. Los reunían en la plaza Urquinaona y los usaban como carne a comprar para el trabajo de aquel día, como cualquier manijero de los cortijos andaluces. Contrataban a diez y daban de alta a dos. Los demás volvían a sus casas, y a esperar tener suerte el día siguiente. Fueron años muy duros para aquellos hombres que llegaron con una maleta de cartón.

No queríamos vivir fuera de Almería, y el que tuvo la oportunidad de volver, volvió, como fue mi caso, y el de otros cientos, miles de almerienses. Otros no han tenido la misma suerte, no ha sido Almería, hasta hace unos años, no tantos cómo nos hubiera gustado, una tierra dispuesta a acoger inmigrantes. No quisimos irnos de Almería y nos obligó a vivir en Cataluña, Madrid… un gobierno que nunca pensó en el obrero andaluz. Hoy son los nietos los que mantienen a muchos de esos almerienses en aquellas lejanas tierras, añorando, esperando las vacaciones para volver por unos días a su terruño.

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