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#VideoBlog #PaseoAbajo: Procesiones, por Juan Torrijos

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¡Yo no soy el malo!

¡Al cielo con ella! Se queja el Ayuntamiento de que les ha dado a las cofradías por las procesiones fuera de la Semana Santa, y que las mismas crean problemas y confusión en la ciudad. Contaba en rueda de prensa don Antonio Gómez Cantero, obispo de la diócesis de Almería, la conversación o simple dialogo mantenido con la alcaldesa, María del Mar Vázquez, sobre las procesiones que fuera de ese tiempo salen a las calles de la ciudad. En ese rifirrafe contado por el obispo, hay algo humano y político por su parte, y es que nadie, tampoco él, quiere ser el malo de la película. De ahí que, durante esos segundos de charla entre los dos mandatarios, don Antonio dijera que él no quería aparecer como el malo. Y lo sentenció claramente: En esta situación yo no soy el malo, dijo el obispo.
Doña María Vázquez, política y con carrera por delante, es lógico que tampoco quiera ser la maléfica de esta casi santa película de Vírgenes y Cristos por las calles. Los dos saben lo que a nivel de sentimientos entre los ciudadanos mueven las cofradías con sus procesiones, y ante eso nadie quiere exponerse. El obispo no quiere que lo hagan culpable de frustrar los deseos de las cofradías de sacar a sus titulares con motivo de aniversarios y otras circunstancias, y mucho menos la alcaldesa. Al obispo no lo encumbran los votos de los ciudadanos, a la alcaldesa sí. De ahí que se tiente el vestido María del Mar ante una decisión suya que se pueda ver en contra de ese importante número de ciudadanos y capillitas al negarles autorización para salir a procesionar, y que se puedan traducir en la pérdida de votos en futuras elecciones.

Don Antonio no es político, él solo le debe obediencia al Papa Francisco, pero tampoco le hace puñetera gracia que parte de su rebaño, como son los hombres y las mujeres de las cofradías se pongan en su contra por creer estos que la negativa parte del obispado. De ahí que el hombre de Dios diga: Yo no soy el malo.
Ninguno de los dos, alcaldesa y obispo, son los malos de esta historia, pero habrá que llegar a algún acuerdo si las salidas de estas procesiones le cuestan un dinero importante al ayuntamiento. A colaborar con el importe, dice el señor obispo, está dispuesta la diócesis. Y como parece que el único gasto que se produce es el de los policías locales que cubren el evento, no parece que se produzca quebranto mayor al que ya tienen las cuentas del obispo si aporta una parte al pago de los mismos.

Lo importante es que esta guerra de procesiones acabe sin malo al que señalar por parte de los capillitas de Almería. Y en eso andan el obispo y la alcaldesa.

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