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Con Septiembre ya bien avanzado, y como les adelantaba en mi último blog, el final del verano trae consigo el inicio de la rutina que, aunque a algunos nos está costando retomar, es inevitable.
Tan inevitable como la reunión interparlamentaria del PSOE, habitual tras las vacaciones de verano, que tuvo lugar ayer y en la que Pedro Sánchez dejó claro que “hay gobierno para rato”, aunque tenga que gobernar sin presupuestos, que ya me dirán ustedes cómo demonios puede hacerse eso, a no ser, claro está, que uno no tenga intención alguna de legislar, sino de simplemente mantenerse en el poder, que, por ahí, me parece a mí, van los tiros.
Sánchez nos anunció ayer la aprobación en el día de hoy de su Plan de acción por la democracia, un batiburrillo de medidas resultado de su profunda reflexión de aquellos 5 días de asueto con sueldo, y a la que entonces llamó agenda contra la «máquina del fango«, amparándose en un reglamento europeo de obligada aplicación sobre este asunto.
Esto es, que, si por él fuera no lo hacía, pero lo hace porque le obliga Europa.
El trasfondo de la medida incluirá la reformulación de los criterios que se utilizan para hacer llegar la publicidad a los medios de comunicación, esto es, que prevalezca la, por él llamada calidad democrática, en lugar de los índices de audiencia que motivan, según también él, a sus medios enemigos, ya saben, OKdiario, ABC, El Español, Cope o esRadio.
En definitiva, todo aquel que le apunte o desvele en su astuta y estudiada hoja de ruta para mantenerse en el poder. Todo aquel que haga ruido.
Que, por cierto, en Almería este tema del ruido, por una u otra causa, les tiene siempre entretenidos. Seguramente recordarán aquel intento de regular y/o prohibir la música callejera por el impacto acústico, que más impacto acústico que el de Rudy el trompetista, no sé yo…; y lo que seguro que aún si tienen en su memoria es la inoportuna muerte de las cuatro gacelas el pasado mes de Junio, causada según una veterinaria del CSIC por el estrés y la agitación que sufrieron por el festival de Alamar, según se ha denunciado.
Pues bien, ahora el ayuntamiento ha vuelto a sacar los sonómetros para revisar el mapa de ruidos de la capital y analizar la actual zona acústicamente saturada y, parece seré que, de los 40 puntos evaluados en esta zona, 35 superan los límites recomendables.
No quiero ni imaginarme que sería de estos sonómetros acercándose al Bernabéu un día de concierto, ya saben cómo están los vecinos con el ruido que estos provocan, locos perdidos, que hasta han conseguido que todos los conciertos ya programados queden suspendidos hasta, al menos Marzo de 2025. Y yo les comprendo. A finales de los años 90 viví justo enfrente del estadio y pudo jurarles que el edificio entero retumbaba cada vez que el Real Madrid metía un gol. Lo que uno pensaría es, que, tras la carísima reforma, alguien habría pensado en una adecuada insonorización.
Pero, volviendo a Almería, sí se ha detectado un exceso de ruido en la calle Martínez Campos, a la altura de la salida al parque Nicolas Salmerón, pero tranquilos los fans del Madchester, no es por la discoteca, sino por el tráfico.
Y ¿saben qué? con el avance del otoño y cerrando las ventanas se notará menos. Porque el otoño avanzará igual que avanza España, que lo dijo Sánchez ayer más de una vez.
Lo que no avanza, es la llegada del AVE a Almería, que ya se sitúa, según desvelan los últimos informes técnicos, en no antes del 2028, lo que, por supuesto no es impedimento alguno para que desde el Ministerio de Transportes y desde el PSOE de Almería, se siga insistiendo con que está al llegar.
He de decirles que me he unido al grupo de Facebook “Mesa del Ferrocarril Almería” y así me he enterado de su campaña “el momento es ahora, además de los suculentos desayunos de trabajo que disfrutan.
Seguiré pendiente de ello. De los desayunos digo, a ver si me puedo colar en alguno.
Por cierto, el asunto de las gacelas, ya judicializado, parece que va a ser uno de esos asuntos de inversión de la prueba, es decir, acusado el ayuntamiento de su muerte por el no traslado del festival, el juez no pide al que acusa que pruebe esa causa sino al Ayuntamiento que pruebe lo contario. En fin, juzgados.

