#NoSoyNeutral: Queremos saber, por Valen Ortega
Antes de nada, una aclaración imprescindible.
Este texto se escribe con la información disponible en el momento de su publicación. Los hechos pueden evolucionar, pero las preguntas que se plantean aquí siguen siendo necesarias, legítimas y plenamente vigentes.
Lo primero, y lo más importante:
todo mi respeto y mi apoyo a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz y a sus familias. Estamos ante una tragedia. Y cuando ocurre una tragedia, el respeto no está reñido con la exigencia de verdad.
Precisamente por respeto a las víctimas, queremos saber.
Desde el primer minuto hemos podido observar dos actitudes claramente diferenciadas.
Por un lado, la del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, presente desde el inicio, con prudencia, sin estridencias y con un mensaje centrado en los hechos, en la atención a las víctimas y en la coordinación institucional.
Por otro, una reacción política que ha puesto el foco en el relato antes que en las responsabilidades. Y ahí es donde empiezan las preguntas.
Porque en política —y también en democracia— las preguntas importan más que el ruido.
Una de esas preguntas es inevitable:
¿Por qué se está dando tanto protagonismo político a María Jesús Montero en una tragedia ferroviaria, cuando como ministra de Hacienda no tiene competencias directas en infraestructuras ni en la gestión ferroviaria?
La respuesta política es evidente. Pero la pregunta sigue siendo pertinente.
No se trata de personalizar una tragedia, sino de evitar que se instrumentalice. Y eso exige separar gestión de campaña, y hechos de gestos.
Otra pregunta incómoda, pero necesaria:
Si el mantenimiento del sistema ferroviario es clave para minimizar riesgos, ¿dónde están los recursos para ese mantenimiento cuando este Gobierno no ha sido capaz de presentar unos Presupuestos Generales del Estado en toda la legislatura?
Aquí el dato es relevante.
Y conviene recordarlo.
La ministra de Hacienda es María Jesús Montero.
Y cuando hablamos de presupuestos, hablamos de decisiones políticas.
Por eso, una vez más, el dato mata al relato.
También es legítimo preguntarse algo más:
¿Habría sido la reacción política, mediática y social la misma si este accidente hubiera ocurrido con un gobierno del Partido Popular en España?
La tragedia sería la misma.
Las víctimas, las mismas.
Pero la experiencia nos dice que la vara de medir no siempre lo es.
Y señalar esa doble vara no es crispar: es describir una realidad.
Y finalmente, una pregunta que resume todas las anteriores:
¿Cuándo vamos a saber exactamente qué pasó?
¿Con qué rigor técnico?
¿Con qué transparencia?
¿Con qué voluntad real de aclarar los hechos?
No estamos ante un atentado, pero sí ante la pérdida de vidas humanas. Y la historia reciente nos enseña que sin preguntas no hay respuestas, y sin exigencia no hay verdad.
Respetar a las víctimas no es callarse.
Respetar a las víctimas es exigir datos, explicaciones y responsabilidades sin ruido, sin cinismo y sin instrumentalización.
En democracia, preguntar no es atacar.
Preguntar es una obligación.
Por eso, hoy, como tantas veces, decimos algo muy simple:
Queremos saber.

