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#LaVida: Defender la Navidad, por Manoly Roldán

#LaVida: Defender la Navidad, por Manoly Roldán

La Navidad no es una costumbre neutra ni un simple decorado de invierno. Tampoco es una tradición intercambiable que pueda vaciarse de contenido sin consecuencias. El hecho de que cada año se discuta si debe mantenerse, reformularse o diluirse demuestra precisamente lo contrario: la Navidad sigue importando.

Forma parte de unos valores cristianos compartidos que han dado forma a nuestra sociedad durante siglos. De ese legado proceden ideas tan básicas, hoy tan frágiles, como la dignidad de cada persona, el valor de la familia, la responsabilidad hacia los demás y el cuidado del más vulnerable. No es fe impuesta: es el marco moral que ha permitido la convivencia.

Reducir la Navidad a consumo, ocio o simple folclore es una manera eficaz de neutralizarla. Pero su sentido va mucho más allá. Es un tiempo de búsqueda de sentido, de pausa interior y de esperanza frente al cansancio. En un mundo acelerado y materialista, esta dimensión resulta incómoda porque recuerda que no todo se compra, ni se sustituye, ni se relativiza sin coste.

España es una nación construida sobre una base judía y romana, a la que se incorporó de forma decisiva la tradición cristiana. Ese legado no es una opinión ni una preferencia cultural: ha configurado nuestras leyes, nuestras costumbres y nuestra manera de entender la vida en común. Respetar todas las religiones es irrenunciable, pero el respeto no exige ocultar ni desdibujar la identidad de España.

Por eso, defender la Navidad es defender nuestras costumbres y tradiciones. No contra personas concretas, sino frente a corrientes que presentan la identidad como un obstáculo y la sustitución cultural como progreso. La convivencia no se construye negando las raíces, sino afirmándolas con serenidad. Una sociedad que renuncia a proteger lo propio termina siendo frágil y fácilmente sustituible.

A quienes no comparten la fe cristiana no se les pide adhesión, sino algo elemental: respeto. La libertad religiosa protege la creencia y respeta la no creencia, pero no ampara la deslegitimación sistemática ni la erosión deliberada de las tradiciones que sostienen el espacio común.

Hablar de la Navidad es hablar de Jesús, no por imposición, sino porque su nacimiento está en el centro de lo que se celebra. En un mundo que deja a muchos jóvenes y mayores vacíos y sin horizonte, no resulta extraño que algunos vuelvan su mirada hacia Él buscando coherencia, sentido y esperanza donde lo material no alcanza.

Defender la Navidad no es nostalgia ni exclusión. Es asumir una responsabilidad cultural y moral: proteger aquello que nos ha permitido vivir juntos y seguir teniendo futuro. Quizá por eso la Navidad no pasa. Porque responde a una necesidad humana que no desaparece.¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2026 a todos!

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