VÍDEOBLOG #Miedodequé: La entrevista de la vergüenza, por Víctor J. Hernández Bru.
Nada hay con lo que no se atreva Mohamed El Assy. Para el, no hay norma, ni ley, ni convención, ni acuerdo que hay que respetar, si en ese momento a él le parece que lo que hay que hacer es saltárselo. Lo ha hecho con todo lo que le ha apetecido y esta semana lo ha vuelto a hacer.
El pasado viernes, en un momento para mí inoportuno, a 48 horas de un partido crucial, el club anunciaba su noticia más importante de los últimos seis años, la venta de la propiedad de Turki Al Sheikh a Mohamed Al-Khereiji. Desde entonces y hasta mediodía de ayer, el club no ha ofrecido ninguna información más.
No se sabe el montante de la operación, ni las condiciones, ni las intenciones del nuevo presidente. Nada de nada en cuatro días. Y así sigue la comunicación institucional del club acerca de la operación: ni un comunicado más, ni una rueda de prensa, ni una declaración institucional del nuevo dueño. De nuevo, nada de nada.
Y en mitad de ese apagón informativo, El Assy lo vuelve a hacer: antes de que llegue esa comunicación oficial, el CEO de la UD Almería, ‘Míster Chalé – Míster Pancarta’, se fue ayer a una emisora amiga a que le entrevistara un amigo, con quien andaba de copillas por el Bribón de la Habana este verano, un lugar periodístico ideal para evitar cualquier pregunta comprometida, para eludir que alguien le preguntar por aquello de lo que habla toda Almería: por el descenso de Primera haciendo el ridículo y estando casi todo el año colista, por los 52 millones de euros que se gastaron ese año, por la mediocre temporada actual a pesar de conservar ese equipo de los 52 millones de euros, por el veto a periodistas y medios de comunicación que atenta contra la libertad de prensa y el derecho a la información, por los enfrentamientos con parte de la grada, por los supuestos 15.000 abonados que no han aparecido en ni un solo partido de la temporada (y ya sólo queda uno), por el escandalazo de la compra de 270 hectáreas en primera línea de playa de la ‘joya de la corona’ del urbanismo almeriense por 11 millones de euros y el misterio de que no se pusieran a nombre del club sino de una empresa inmobiliaria de Turki, por el otro escándalo, el de que un empleado del Ayuntamiento de Almería firmó el informe que daba el plácet para la cesión del Estadio a la UDA y ahora éste trabaja en el propio club y, en fin, por tantos y tantos temas que le interesan a la ciudad.
La entrevista no hay por dónde cogerla. Es una vergüenza que la información de que en la operación de la venta del club se han incluido los terrenos se dé en una entrevista cuatro días después de haberse anunciado y no se haga antes en una comparecencia institucional, incurriendo en una gravísima falta de respeto a la ciudadanía y a las instituciones que participaron en la operación de la venta de los terrenos. Y en esto, ninguna culpa tiene el medio, que ha hecho muy bien: si te ofrecen una entrevista exclusiva, su obligación es aceptarla, pero la vergüenza intolerable es por parte del club, una vez más.
En todo caso, queda claro que el señor Al-Kereiji no ha comprado un club y de paso unos terrenos, sino que ha comprado unos terrenos, a un precio muy interesante, y como parte del trato se ha tenido que quedar con un club. Y lo que también queda evidente es que esos terrenos valían más 100 millones, que es lo que se ha pagado, que los 11 que pagó en su día Turki, que le ha ganado a los terrenos 89 millones de euros, recuperando con muchas creces lo invertido en la UDA.
Y luego, el contenido de la entrevista: hay sobadas de lomo más conflictivas e incisivas que la entrevista en cuestión, pero cada cuál sabrá lo que tiene que hacer, como aquí también sabemos cómo tenemos y queremos valorar actuaciones de este tipo, que en mi humilde opinión degradan el buen nombre de mi profesión.
Este verano, copillas en el Bribón y en paz por los servicios prestados. Es lo que hay, es el idioma de don Mohamed El Assy. Aquí no vendrá, como no nos permite pasar a sus ruedas de prensa. Ser preguntado por éstas y otras cosas es demasiado compromiso para él. Nosotros, mientras, lo seguiremos contando, aunque él no venga.

