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VideoBlog #Gota a Gota: ¿Por qué a la izquierda no le gusta la Universidad Privada?, por Miguel Ángel Campos

VideoBlog #Gota a Gota: ¿Por qué a la izquierda no le gusta la Universidad Privada?, por Miguel Ángel Campos

Entender el porqué de las cosas no es comprenderlas, sino ponerse en el lugar del otro para mirarse a uno y ver la distancia que nos separa, si es que la hay.

En la edición de este primero de Abril de El Diario.es podía leerse lo siguiente: «el Gobierno le ha declarado la guerra a los “chiringuitos” universitarios. A las “fábricas de títulos”, en palabras del presidente, Pedro Sánchez, que se despachó a gusto el lunes contra un determinado tipo de centro privado que prolifera por todo el territorio en los últimos años: el centrado en ganar dinero».

Quien siga estos comentarios semanales, ya habrá advertido que huimos de lo fácil, de la caricatura, del zasca. ¡Cuán fácil sería hablar de la tesis del Presidente del Gobierno o de la cátedra de su mujer…! Pero eso es harina recia, y es misión confesa de este ojo cernir lo acontecido hasta obtener algo parecido a la esencia de las cosas. La tesis y la cátedra son la anécdota, ahora trataremos la categoría.

Pues bien: ya hemos advertido hace unas semanas de las razones que llevan a que nuestro profesorado universitario sea de izquierda. Hoy nos encargamos de las razones que llevan a los políticos a procurarlo. Las razones son profundas, y fueron prescritas por el filósofo de cabecera de nuestra izquierda radical. Así, Antonio Gramsci, por letra de sus estudiosos, «afirma con agudeza, que hegemonía no es sólo dominio, sino, también, y sobre todo, dirección intelectual y moral. Para Gramsci, quien tiene la hegemonía tiene algo más que el poder; debe, en efecto, conducir, dirigir la organización intelectual, moral y política de toda la sociedad; la hegemonía, en este sentido debe poseerse antes de conquistar el poder». Así, la hegemonía pasa por la sociedad civil pues, si se tiene la hegemonía, el poder ya no se perderá nunca.

De eso se trata: las universidades privadas son incompatibles con la hegemonía intelectual, cultural y moral a que aspira la izquierda radical. Una vez implantada tal hegemonía, el poder caerá en sus manos como fruta madura, pues nadie habrá enfrente para rebatirlo. El propio Gramsci cuida en extremo la educación porque, recuerda, “no olvidemos que los estudiantes de hoy son los intelectuales del mañana”.

Gramsci, muy hábilmente, advierte de la importancia que tiene en su anhelada hegemonía el control total de los intelectuales, porque un intelectual trabaja para la hegemonía de manera expansiva: a un intelectual se le otorga un micrófono, un aula, un programa en YouTube, televisión o se le publica un libro que es un regalo para el pensamiento. Y la máquina de hacer hegemonía sigue su curso imparable.

Puede que usted crea que la preocupación de la izquierda radical es la poca calidad de universidad privada (no de la pública, que está estupenda), o puede que opine que es un movimiento más en pos de esa hegemonía de Gramsci. Decida lo que decida, le ruego que medite lo que hemos expuesto, como siempre.

Pero no corra, no corra a decidirse aún, y recuerde lo que dejó escrito un intelectual de verdad, Jorge Luis Borges: «la Universidad debiera insistirnos en lo antiguo y en lo ajeno. Si insiste en lo propio y lo contemporáneo, la Universidad es inútil, porque está ampliando una función que ya cumple la prensa».

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