VÍDEOBLOG #Miedodequé: Solidaridad, racismo, violencia y cara dura: de los menas a Macarena Olona, por Víctor J. Hernández Bru.
El nuevo reparto de menores no acompañados (menas) entrados ilegalmente en España ha vuelto a revelar no sólo la capacidad que tiene el socialismo en general y este gobierno en particular para adaptar todo a sus intereses electorales y partidistas, sino para tratarnos por auténticos menguados intelectuales a todos los que no sostenemos un carné rojo entre los dientes.
Hace falta tener una poca vergüenza absolutamente palmaria para repartir 4.000 menas de forma que a comunidades que gobierna el Partido Popular, como Madrid y Andalucía, les toquen entre 700 y 800, mientras que a las comunidades en las que hay partidos independentistas de cuyos votos depende la continuidad de este infierno social-comunista, a saber, Cataluña y País Vasco, les toquen entre 20 y 30.
Una vez más, las políticas más básicas y cruciales en este país las decide un partido que tiene como premisa fundamental que deje de existir este país, como es el caso de Juntos por Cataluña, hasta el punto de obligar a estos botarates, a estas miserables marionetas a plantear un reparto tan descaradamente arbitrario, tan repugnantemente parcial.
Pero, siendo todo esto de una gravedad intolerable, es aún peor el razonamiento con el que plantean todo esto, insultando a todo el que se atreve a cuestionar este reparto tan insultantemente desequilibrado. Estos señores, gentuza socialista y comunista, pretenden obligar a comunidades como Madrid y Andalucía a asumir cerca de 1.000 menores no acompañados entrados ilegalmente en España, mientras le adjudican 20 a Cataluña. Y si alguien, en Madrid o Andalucía, plantea la más mínima queja, la reacción es inmediata: le llaman racista.
O sea que a Cataluña se envían 20 menas, por los 700 de Andalucía, porque así le obliga al gobierno Juntos por Cataluña, pero el racista es al que le quieren endosar los 700 y no el que obliga al gobierno a no acoger a más de 20. Y entonces nosotros, los andaluces, como los madrileños, se supone que tenemos que tragarnos este transatlántico nuclear sin rechistar y casi sin masticar, no sea que venga algún hijo de la perra de Satanás a llamarnos racistas.
Porque eso de no querer que nos coloquen al lado de nuestras casas a inmigrantes ilegales cuya procedencia, ficha de penales e intenciones desconocemos es una muestra de inhumanidad, de racismo, de xenofobia y de odio, pero siempre y cuando no seas un independentista catalán o un pro-etarra vasco.
Pero si eres un socialista, o un comunista, o un anarquista y se te ocurre plantarte en la puerta de un acto público que va a protagonizar Macarena Olona en una Universidad para tratar de impedir el ejercicio a su libertad de expresión; o si eres un presidente de gobierno y afirmas que vas a reunirte con todos los partidos menos con Vox y sí con los herederos de la ETA, a los que recibes en el Palacio de La Moncloa por primera vez en la historia de esta democracia, entonces eres un tipo estupendo, un alma libre, un luchador por la libertad.
Y esto, queridos míos, no es más que el socialismo y el comunismo en estado puro. Lo verdaderamente insólito es que hayamos sido tan imbéciles como para permitir y provocar que esta gentuza llegue al gobierno de nuestro país.

