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#ElMonoDesnudo: De las prisas en un final inexistente, por Gloria Pérez de Colosía

#ElMonoDesnudo: De las prisas en un final inexistente, por Gloria Pérez de Colosía

Retomo, en este último blog del año, el espíritu que lo inspiró, esa definición del ser humano que Desmon Morris concibió en su libro el Mono Desnudo, y cuyo título me apropié.

Y es que, nunca tanto como a final de año, demostramos más ser ese mono sin pelo de supuesto comportamiento humano y parece que estos días de final de año los confundimos con un fin del mundo, que, me van a permitir, entre los compañeros de profesión, lo entiendo, pues desde que todo el periodo de Navidad es inhábil, nos posee, exactamente igual que a finales de Julio, el espíritu del “mañana ya no existe y tengo que dejar presentados todos mis escritos hoy”.

Pero, olvidándonos de estos seres que viven de plazo en plazo que somos los abogados, díganme ustedes si no es irracional esa conducta que adoptamos estos últimos días del año, como si después del 31 la vida no fuera ya a existir, que excepto comprar las uvas a no ser que hayan pensado posponer su ingesta hasta la ocasión perfecta, ya me dirán ustedes que han de hacer sin remedio el 31 de diciembre que no puedan hacer el 1 de Enero.

Y así, excepto las de terminar con el trazado del AVE a Almería en el que, como ya saben podremos montarnos cuando esté terminado y ya está, o dejar entregadas todas las ayudas prometidas a los valencianos, que parece ser que apenas ni han empezado lo que podría confirmar esa teoría que circula por ahí (ya la adjetivan ustedes si quieren) sobre que el móvil del PSOE más que reconstrucción es reconquista, en estos últimos días del año nos entran unas prisas locas y vamos de aquí para allá como pollo sin cabeza, en una opuesta y curiosa realidad a la que en estos mismos días vive nuestro presidente del Gobierno quien, relajadamente, se ha ido a esquiar porque, una vez sometidos a una exitosa presión todos y cada uno de las desastres que le rodean, ha debido pensar que ni de coña los resuelve antes de que acabe el año y que para eso, mejor deslizarse por una ladera blanca mientras se piensa qué incluir en su carta a los Reyes Magos, con la sospecha de que, como tenga una caída habrá seguro alguien que le diga si necesitas ayuda, la pides.

Ayuda que Teresa Rivera va a necesitar sí o sí. Yo lo veo venir, porque me parece a mi que, a pesar de presumir de ser un perro fiel y leal, excepto para con sus creencias sobre la energía nuclear cuyas trabas ha superado al llegar a Europa, haber sido la desaparecida responsable de la Confederación Hidrográfica del Júcar, la va a traer algún que otro dolor de cabeza con la Comisión Europea, institución que, incluso con los pactos de Sánchez con Orban y Meloni, terminará reflexionando sobre el buen hacer de su nueva Vicepresidente, también llamada vicepresidenta por ella misma.

Y dolores, pero en las dos manos y por quemaduras, es muy posible que padezca María Jesús Montero. Pero que esté tranquila que, si la subida de la llaga le pilla una tarde en Lubrín y necesita curas, a pesar del intento de su alcalde por hacer creer lo contrario, encontrará abierto el centro de salud.

Y a pesar de este disparatado proceder de la especie humana, digno de estudios sobre la herencia genética de nuestro pasado evolutivo, seguimos y seguimos. Permítanme, en este último blog del año, una propuesta. Intenten una sencilla reflexión y, en estas horas que le restan al 2024, no se dejen llevar por la impaciencia de ningún final apocalíptico porque, a la vuelta de la página del calendario, la vida seguirá en el 2025 y podrán continuar con todos eso propósitos que se hicieron, no ya el 1 de Enero anterior, sino cualquiera de esos 1 de Enero pasados. Porque nunca es tarde para reencontrarse con ellos, de hecho, ni siquiera es nunca tarde para abandonarlos definitivamente sin sentirse culpable y dejar por fin paso a otros nuevos.

Y si, además, tienen la suerte de estar en Almería, les aconsejo que la reflexión la acompañen de ese evocador baño en el mar de final de año. Ese, el del 31 de diciembre, que no puede hacerse ningún otro día.

Feliz 2025

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