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No me sorprendió. A los que prestamos atención a la actualidad política no nos sorprendió nada. Todos sabemos que lo que cuenta para Pedro Sanchez es resistir, caiga quien caiga y cueste lo que cueste. De ahí que unas declaraciones tan graves ya las veamos hasta normales en él.
El “presi” quiere seguir gobernando “con o sin el concurso del poder legislativo”. Como dirían en mi pueblo, olé sus pantalones. Que derroche de aplomo, de fuerza, de poderío y de obstinación. Siempre me han gustado los políticos con las cosas claras y que van hasta las últimas consecuencias. Que no se le ocurra a ningún lobby ni a ningún poder doblegar a Pedro, que no lo van a conseguir.
Que maravilla sería tener un presidente así… Si no fuera porque es un ignorante. Y lo peor, un ignorante de si mismo y de lo que su puesto debe representar. Empecemos por el principio; según la teoría del filósofo francés Montesquieu, las democracias modernas (en contraposición al antiguo absolutismo) constan de tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Cada cual con su función, su lugar y su importancia, pero ninguno mas importante que el otro.
La esencia de la democracia está justo en ese equilibrio que ejercen unos poderes sobre los otros, para que nadie se exceda, nadie se pase de la raya y no haya lugar a totalitarismos. Y de ahí la gravedad de las declaraciones de Sánchez, en ellas deja entrever su tremenda prepotencia y ese desconocimiento de su lugar en la estructura del Estado.Porque aunque hemos dicho por ahí arriba que ningún poder está por encima de otro, lo cierto es que nuestra Constitución dice que la soberanía nacional reside en el pueblo español a través de las Cortes Generales.
Si la soberanía reside en el pueblo español y a este lo representa el Congreso de los Diputados quiere decirse, Pedro, que el pueblo español no te apoya y te da la espalda. Por tanto, Pedro, en vez de hacer alardes autoritarios, lo que tendrías que hacer es dimitir, irte a tu puñetera casa y convocar elecciones. Porque lo cierto es que pierdes votaciones una tras otra, no tienes presupuestos y gobiernas a base de ocurrencias.
En definitiva, Pedro, aunque te creas que por encima de ti no hay nadie, no eres precisamente primo-hermano de Dios ni tu voluntad está por encima de la de los demás. De hecho, la actuación de tu gobierno debería estar sometida a la voluntad del Congreso que salió de la últimas elecciones, esas que tú no ganaste. Así que, si sientes que la voluntad de tu gobierno no va en consonancia con la del legislativo, lo lógico, lo honesto y lo responsable es que cojas la puerta y te vayas. Por el sueldo no temas que, por desgracia, lo tienes pa’ tó la vida

