#BLOG Sal y Luz: I Juegos Olímpicos del marxismo cultural, por Andrés Repullo
Según reza en la web de la World Olimpias Association los valores centrales del olimpismo son la amistad: hermandad entre todas las naciones de la tierra que aparcan sus diferencias, rivalidades y contiendas durante unos días para competir en diferente modalidad deportivas; la excelencia: los deportistas se esfuerzan al máximo con la alegría de representar a sus países, superar marcas y todo con un equilibrio entre el cuerpo, mente y voluntad fuertes; y el respeto: por el cuerpo propio, por los demás, por las reglas y regulaciones, por el deporte y el ambiente. Conjunto de valores que fueron pisoteados vilmente en la ceremonia de inauguración de los juegos olímpicos de París.
El propio término ceremonia se refiere a un acto lleno de solemnidad que se lleva a cabo según normas o ritos establecidos, o dicho de otra forma, es un ritual que se debería haber desarrollado en torno al deporte y a los mencionados valores olímpicos. Pero la realidad fue algo muy distinta, asistimos impávidos a un rito de la perversa iglesia woke, máximo exponente de la progresía postmoderna o del también llamado marxismo cultural que asola las conciencias de nuestros jóvenes, y no tan jóvenes, con desastrosas consecuencias.
No faltaron ninguno de los tópicos de las políticas identitarias de la izquierda aderezado con la irrupción de una siniestra divinidad pagana prerromana, culminando en un aquelarre de anticristianismo. Una parodia de un hecho histórico y religioso. Uno de los pasajes bíblicos más importantes para el cristianismo, en el que Jesucristo instituye uno de los sacramentos de la religión cristiana, quizás el más importante del cristianismo: la Santa Cena. El disparo no fue casual, estaba dirigido al corazón mismo de la fe cristiana.
No me gustaría dejar pasar la ocasión sin pararme otro de los detalles perturbadores: la presencia de una niña en esta bacanal. Como dice mi suegra: piensa mal y acertarás. Estén atentos amigos que se vienen tiempos aún más oscuros.
Observamos impávidos una representación soez, vil y vulgar que giró en torno a una triada de valores woke antagónicos a la trayectoria olímpica: la enemistad con los cristianos de las diferentes denominaciones, ni más ni menos que con 2.300 millones de personas en el mundo, un 31% de la población mundial, que sufrieron una ignominia; la mediocridad de un acto digno ejemplo del feísmo exacerbado, teatro antiestético que genera repudio, bochorno y vergüenza ajena; y para terminar desconsideración con el sentimiento religioso de los cristianos y fundamento de la cultura occidental.
Entonces ¿por qué mancillar la imagen de Francia y del olimpismo en todo el mundo?, ¿por qué ofender a miles de millones de cristianos?, ¿por qué atacar los pilares culturales e identitarios de occidente, la civilización más avanzada, respetuosa y solidaria del mundo?. Para destruir nuestra identidad individual y social. ¿Pero cómo?. Atacando los pilares identitarios de occidente: las creencias, valores, historia, sexualidad, familia y estética. ¿Para qué?. Con la firme intención de reconstruir desde sus escombros una sociedad lobomotizada, borreguil y adocenada que sea pastoreable por el líder progre de turno. La perfecta sociedad postmoderna sin creencias ni valores supremos, sin conciencia histórica, utilitarista y materialista.
Yo no sé ustedes pero yo no he visto, ni voy a ver ni un solo minuto de estos primeros Juegos Olímpicos del marxismo cultural. Conmigo que no cuenten. ¿Y contigo?.

