#ElMonoDesnudo: De música en las calles, por Gloria Pérez de Colosía
No sé si alguno de ustedes echó de menos mi audio blog el pasado martes. Me haría ilusión si así fuera. Eso significaría que me siguen.
Estaba de viaje fuera de España y, de verdad que no pensaba hablarles de mi viaje, pero hete aquí que vuelvo, escucho el pasarela gilipó del domingo y me entero de que el Ayuntamiento de Almería ha aprobado las bases que van a regular horarios y espacios para ocupar la vía pública, lo que significa, entre otras cosas, que los artistas callejeros tendrán que pagar por actuar en las calles del municipio, como ya ocurre en otras ciudades andaluzas como Cádiz, Málaga, Córdoba, Sevilla o Granada e incluso más allá, en Zaragoza o Madrid.
Y me entero también de que el PSOE, desde la oposición y a través de su concejal Antonio Ruano, lo ha calificado de “disparate” acusando al PP de “desconocer la idiosincrasia de Almería”, pidiendo su inmediata retirada.
Pero ay!, Señores, que mi viaje ha sido a Dublín y en plena celebración del día de San Patricio ni más ni menos, por lo que, inevitablemente asocio y, sin pretenderlo (aunque desearlo) sí les voy a hablar de mi viaje a Irlanda.
En Irlanda, bien es sabido, se pueden ver actuaciones de músicos callejeros en cualquier rincón de cualquiera de sus ciudades. Cuna musical que ha dado brillantes músicos que forman parte de la banda sonora de alguna de nuestras vidas, ciertamente Irlanda y en concreto Dublín, no es Almería.
Y curiosa que soy, y antes de analizar si la regulación es perjudicial para el futuro de la música almeriense, me he preguntado si Dublín nos ha dado tanto músico genial por existir una total libertad de actuaciones o, por el contrario, existe algún tipo de limitación.
Y voilâ, resulta que el ayuntamiento de Dublín y a modo de experimento editó en 2012 una guía de consejos orientativos destinada a los buskers, es decir, a los artistas y músicos callejeros. Esta guía, que no solo regulaba horarios y espacios sino también cuestiones como la vestimenta o un repertorio de, al menos, 20 temas, supongo que por aquello de no dar la tabarra en bucle con la misma canción, fue grandemente criticado y se profetizó que esas normas, que tras el periodo de prueba de 3 meses, quizá se convertirían en obligatorias, causarían la desaparición de la música en las calles de Dublín.
No fue así, no ha sido así, y desde 2016 el ayuntamiento de Dublín tiene perfectamente reguladas las actuaciones musicales en la calle. Una licencia anual de entre 30-60 euros permite actuar, entre 9 de la mañana a 11 de la noche, durante 2 horas en el mismo sitio, tras las cuales, como el coche, hay que cambiar de distrito.
Ah!, y ojo, las sanciones por incumplimiento son a partir de 1500€ y sí, las imponen.
Por tanto, a salvo de cómo finalmente el Ayuntamiento regule la cuestión (ya tiene unas cuantas pistas para hacerlo bien y si no que me llamen, que voluntaria me presto a volver a Dublín a copiar su modelo), le diría al concejal del PSOE que entiendo que desde la oposición haya que criticar tanto si se regula la acera como si se regula una azotea, pero, esto de llamarlo disparate, igual está de más.
Disparate fue que en 2008, una ordenanza municipal prohibiera en Mojácar “cantar o tocar instrumentos musicales” en la calle, amén de otras sandeces como “saltar, patinar o taconear en las viviendas” o “jugar al dominó en las terrazas”
Disparate fue que, a raíz de aquello, en 2017 más de una decena de Dj’s tuvieran que asociarse y reclamar que se modificara la normativa existente porque no les permitía trabajar.
Combinar el descanso de los residentes con la libertad de actuar no es difícil. Puede respetarse el derecho a tocar y al reposo, así que no sean adversos y fatídicos señores del PSOE porque la música no desaparecerá porque se regulen las actuaciones callejeras.
Escuchen música, en la calle, o en su casa, en festivales, con auriculares o altavoz, escuchen música. La música reduce la ansiedad y el estrés, promueve estados de ánimo y emociones positivos, fomenta los vínculos y las conexiones, mejora la memoria y la cognición.

