#ElMonoDesnudo: Del Universo 25 y la sobrepoblación, por Gloria Pérez de Colosía
En los últimos días, la intensa llegada a Canarias de cayucos ha hecho necesario el reparto de inmigrantes por el resto del territorio nacional. Un reparto carente de transparencia y coordinación entre el gobierno central y los ayuntamientos, cuyos alcaldes se enteraban pocas horas antes.
Almería, como parte del programa de atención humanitaria puesto en marcha por el Ministerio de Migraciones, ha acogido a casi 700 personas, parece ser, porque con certeza no se sabe, y la verdad, yo no me lo explico.
No puede decirse que Almería, ciudad donde conviven pacíficamente más de 100 nacionalidades distintas, tenga una población xenófoba, pero esto no obvia la sensación de irrupción que en la vida cotidiana produce la llegada a una población de tan vasto número de personas.
Si además son inmigrantes ilegales a los que se aloja en hoteles de 4 estrellas la situación pasa de sensible a rechazada, incluso para el sector hotelero, por mucha solidaridad que se despida por los poros y es, tiempo ha faltado, utilizada como venablo político.
A mi esta situación me ha traído a la cabeza el Universo 25, el experimento llevado a cabo entre 1968 y 1973 por John B. Calhoun, nacido de la gran preocupación que desde mediados del siglo XX se tenía sobre el hacinamiento por superpoblación y el colapso en el comportamiento como efecto.
Calhoun creo un hábitat de 6.5 m2 donde metió 8 ratones, con suficientes recursos, comida para todos, agua fresca, ningún depredador, es decir, recreó unas condiciones ideales en las que todas las necesidades estaban cubiertas. Calculó que, en dichas condiciones, la población podría llegar a 3500 individuos.
En poco más de un año de idílica vida, se alcanzaron los 620, pero el crecimiento a partir de entonces se ralentizó, entrando en una fase de meseta donde las camadas eran cada vez más escasas y la mortandad ascendía.
Fue en ese momento cuando empezaron a aparecer conductas anómalas, no sintiéndose tan cómodos porque, a pesar de que físicamente aún cabían todos en el espacio creado, y con mucha holgura, comenzaban a cruzarse constantemente en el camino del otro al ir a buscar agua o comida.
Empezaron a sentir los efectos de la superpoblación y, aunque seguía sin haber ninguna amenaza externa, empezaron a generarse las amenazas internas, surgiendo peleas territoriales y un fenómeno fascinante: no había roles para todos los individuos y muchos ratones dejaron de tener un papel en ese universo fabricado para ellos.
Como causa de esto, estos ratones se deprimieron, andaban apáticos, dejaron de moverse y de interactuar. Las hembras dejaron de reproducirse, se observaban conductas sexuales anómalas que iban de un sexo indiscriminado a una total parada de la cópula. Incestos, canibalismo, infanticidio y las peleas eran constantes. Este comportamiento se calificó como “el hundimiento conductual”.
Solo se mantuvieron al margen un grupo de ratones que fueron llamados “los guapos” que se limitaban a mantener conductas de higiene, atusarse la piel, alimentarse y dormir, y cuya razón podría haber sido una ascendencia común.
En este punto, Universo 25 se describió como la mayor distopía descrita por la literatura.
La sociedad ratonil colapsó. En 1970 nació la última camada de ratones cuando el caos ya se había apoderado del recinto y en 1973 murió el último ratón, alcanzando en su punto álgido una población de 2200 individuos de los 3500 que se había calculado.
Sabiendo que la clave del fracaso no fue la cantidad de individuos que compartían un mismo área, sino el número de interacciones entre ellos, la pregunta es clara ¿es extrapolable este experimento a la sociedad humana?
La diferencia, claramente, reside en que en el mundo real la población no crece ilimitadamente y las epidemias, catástrofes naturales y otros depredadores como esos del nuevo orden mundial de los que hablaré otro día, se encargan de mantener a raya la ratio entre la natalidad y la mortalidad, pues los recursos no son infinitos.
Plantear que la especie humana acabe exactamente como el experimento de Universo 25 es bastante descabellado, pero quizá, decir que el mundo que estamos viviendo es un fiel reflejo de sus inicios, no lo sea tanto.

