VÍDEO BLOG #Miedodequé?: Objetividad, subjetividad y el hooliganismo de Ana Pastor, que no es culpable de que la pongan a moderar, algo para lo que no está preparada, por Víctor J. Hernández Bru.
Mirad, yo no creo en la objetividad periodística. De hecho, no creo en ningún tipo de objetividad, salvo la que sea aplicable a los objetos, pero en ninguna otra y, sobre todo, en ninguna que se trate de atribuir a los sujetos, entre ellos a los humanos.
De hecho, el afán por hablar de objetividad cuando se trata el tema de los medios de comunicación es un pilar más sobre el que descansa el edificio manipulativo y trolero que la izquierda comenzó a construir antes del final del franquismo y ha ejecutado a la perfección durante todo el actual período democrático, con la intención de hacer un país a su medida, sobre todo utilizando a la propia prensa.
En mis programas y en mi actuación periodística, jamás he sido objetivo, repito, porque no soy un objeto, sino un sujeto y, por tanto, soy subjetivo. No he intentado serlo, nunca, en mis 26 años de profesión, pero aunque hubiera querido, no lo habría conseguido. Es más, siempre hablo de ‘información y análisis’, porque estoy absolutamente convencido de que mi obligación no es sólo dar información sino también analizarla, por la sencilla razón de que no todo el mundo, aunque algunos ‘cuñaos’ sí lo crean, tiene acceso a las claves de las que los profesionales sí disponemos para analizar la actualidad.
Por tanto, no seré yo quien le pida a Ana Pastor, a Vicente Vallés, a Antena 3 o a la Sexta que sean objetivos, faltaría más. Lo que sí les pido es que sean profesionales. Porque yo cuando hago entrevistas, pregunto yo repregunto, procuro poner en apuros sobre todo a los políticos que cobran de mis impuestos y, por supuesto, defiendo mis ideas. Es así y siempre va a ser así.
Pero cuando uno ostenta el papel de moderador, lo que ha de hacer, su obligación profesional en ese momento es ésa, no hace falta ser Einstein para saberlo, la de moderar, la propia palabra lo dice, la de repartir tiempos y procurar ecuanimidad en el desarrollo del debate. Y es evidente que Ana Pastor, que reúne todos los condicionantes y cualidades de aquellos comisarios políticos del Partido Comunista en la Guerra Civil, no está capacitada y ni posee las habilidades mínimas exigibles para moderar un debate.
Ana Pastor es un hoolingan, un producto de esa estrategia plurianual que lleva décadas de desarrollo por parte de la izquierda para construir un país a su medida. Fuera de esa furibunda actitud de seguidor extremo, Ana Pastor no sería nada, porque no es nada más allá de un ariete social comunista, una herramienta para colaborar en la acción de escorar a la opinión pública hacia la izquierda.
Por tanto, la culpa de que la señora de Ferreras, que ésa es otra pero para otro día, intentara sin éxito acosar al candidato Feijoo en asuntos como la mal llamada violencia machista, que planteara sus preguntas siempre con una carga de desprecio hacia el PP y de odio hacia Vox, que descalificara a un partido con más de cuatro millones y medio de votantes y que acosara al líder de la oposición dejando a Pedro I El Falso interrumpir a su antojo y llamando constantemente la atención al líder gallego, no es culpa de ella; es culpa de quienes, sabiendo cuáles son sus cualidades y cuáles sus carencias para ejercer de moderadora, la han colocado ahí.
Ah, y por cierto: y también es culpa de quien acepta un debate en el que uno de los moderadores es un integrante de la estructura de propaganda del rival. Si tú aceptas disputar un partido sabiendo que el árbitro está a sueldo del rival, desde luego lo último a lo que tienes derecho es a quejarte.

