Blog «No tenemos remedio», por Antonio Felipe Rubio
La amenaza se ha cumplido: el tren quiere volver al puerto. Uno de los argumentos más alambicados es el denominado como “prognosis de demanda”, ¿y qué demonios es eso de prognosis de demanda? Prognosis no es otra cosa que una predicción. Es decir, sustentamos tan determinante proyecto en la rigurosidad del Instituto Nacional de Meteorología, el Calendario Zaragozano, las cabañuelas o la recurrente artritis reumatoide de rodilla. No hay ningún estudio que determine, con datos, las oportunidades de negocio que se pierden por la ausencia de conexión ferroviaria con el puerto. Todo es un “por si acaso”. No existe estudio elaborado por la UAL, Asempal, Cámara de Comercio y otros sectores concernidos que justifiquen la perentoria necesidad de la conexión ferroviaria con el puerto.
Dicen que a la pregunta de si es bueno conectar el tren con el puerto, la respuesta es sí. Claro que sí… siempre que hablemos de un puerto industrial. Ahora bien, ¿queremos el puerto de Almería como puerto industrial? En la provincia hay un puerto que fue concebido y experimentado como puerto industrial, y no es otro que el de Carboneras.
¿Cómo se prevé una convivencia entre un desarrollo cultural, deportivo, ocio, comercio, restauración… y el transporte ferroviario de contendores, mineral y otros productos susceptibles de cargas masivas? El tren no se lleva al puerto para llevar turistas o suministrar barriles de cerveza a los bares y restaurantes. El tren sólo es rentable para el transporte de material voluminoso, pesado y en cantidades que no soportan otros procedimientos más ligeros, fluidos y menos invasivos.
Por supuesto, es loable disponer de facilidades para la industria; ya sea minería, agricultura, piedra natural o cualquier otro tipo de actividad que justifique el medio ferroviario. En ningún caso, este procedimiento ha de dificultar el desarrollo de otras actividades interferidas por la vía del tren. De los problemas derivados de una vía que ha segmentado la ciudad ya venimos escarmentados, pero queremos percutir en el error que hizo de Almería una ciudad atenazada por el tren.
Estamos escuchando propuestas paliativas para los efectos nocivos de la conexión ferroviaria. En ningún caso podemos hacernos ilusiones sobre una conexión inocua; es decir, soterramiento total. Estamos sudando tinta para soterrar un tren de primer nivel como es el AVE, y para un tren industrial esto no se baraja de ninguna manera.

