VÍDEO BLOG #Miedodequé?: No cabe duda: la izquierda y este gobierno quieren hundir a los sectores productivos privados de este país, por Víctor J. Hernández Bru.
Tampoco descubro nada nuevo: la izquierda ni cree ni ha creído nunca en la iniciativa privada. Para ellos, incluso, lo privado es sinónimo de fraudulento, sospechoso, abusivo, punible. Su apuesta ha sido siempre por el sector público como única salida a todo, sin duda por una mezcla entre incapacidad para sobrevivir si no es a base de controlarlo todo y colocarle a todo aranceles, impuestos y penalizaciones; y el odio a quien es capaz de crear valor, desarrollo y empleo.
No podemos seguir extrañándonos de que un día salga el ministro Garzón a demonizar el sector de la ganadería, de los dulces, del juego o del turismo, al día siguiente su compañera de comunismo y ‘gambismo’, a la sazón vicepresidenta, acuse de prácticas esclavistas a la agricultura intensiva, pasado mañana se califique como ‘de mala calidad’ un producto español en ámbitos internacionales o se lleguen a legislar impuestos que pueden terminar con un sector como el de la automoción a todos los niveles.
Es lo que hay: para el socialismo y el comunismo, en la raíz de ambos términos está, lo idílico es la propiedad común, la perdida de derechos de propiedad y de capacidad de producción a nivel privado en pro de un sistema común que lo controle todo. Por eso tienen alergia a la sanidad y la educación privada, porque para ellos, el que haya gente que prospere y se pueda pagar su propia salud y formación no es el signo de una prosperidad social sino una discriminación a la que hay que atacar; por eso, su sistema convierte al Estado en la gran competencia laboral de las empresas, pagando a la gente por no trabajar, provocando que las empresas tengan más dificultades para encontrar empleados que quieran desarrollar una labor a cambio de la percepción de sus ingresos.
Un sistema que se topa de bruces con dos grandes problemas: la lógica y la experiencia. Desde el punto de vista de la lógica, dicho sistema comunista o socialista está exento del premio al mérito, de la capacidad de superación, del incentivo absolutamente necesario para alcanzar la prosperidad; desde el de la experiencia, el fracaso absoluto de tal sistema ha sido el resultado del cien por cien de las experiencias en las que se ha implantado.
Pero ellos no van a parar, porque fuera de un sistema comunista en el que ellos se enriquezcan por controlar las fuentes de producción en nombre del Estado, como en la URSS, como en Rumanía, como en Venezuela, como en Cuba, como China, ellos no son nadie, no tienen ninguna capacidad individual competitiva. En nuestra mano está el permitírselo o no.

