VÍDEO BLOG #Miedodequé?: Paradojas como la de buscar una ciudad sin ruidos, pero en la que el centro no se muera por inactividad, por Víctor J. Hernández Bru.
En el pasado pleno del Ayuntamiento de Almería, el viernes, se armó la gorda porque el equipo de gobierno ha aprobado un Plan de Acción contra el Ruido sin que los partidos de la oposición, o algunos d e ellos, hayan aportado absolutamente nada. Lo curioso es que el motivo por el que no han aportado nada es porque no les ha dado la gana, puesto que el Plan fue presentado a la sociedad, y por supuesto a los partidos, en un acto público en el que hubo una asociación que presentó alegaciones que, además, han sido admitidas.
Sin embargo, PSOE, Ciudadanos y Podemos se han quejado por no haber podido aportar nada. Especialmente curiosas han sido las quejas de la concejal podemita Carmen Mateos, que a su ausencia al mencionado acto, que fue por la tarde, ha presentado como excusa el hecho de que está sola en el grupo municipal y “no me da la vida”. Quiero, en este punto, recordar que la señora Mateos es la concejal que menos mociones presenta y que, haciendo la media entre mociones presentadas y sueldo, es la que presenta las mociones más caras no de Almería, sino de España.
Pero más allá de las anécdotas de la señora Mateos, ‘las cosicas de Carmen’, que denominaría la factoría de diseño de campañas del PSOE municipal, el tema del ruido en la ciudad de Almería es un tema francamente singular.
Porque asistimos desde hace años, décadas, a un auténtico drama municipal y social anclado y ubicado en los ruidos que se producen en el centro de la ciudad, como si lo normal en el centro urbano de cualquier lugar del mundo no fuera que haya ruidos. Vivimos, y así hay que constatarlo, en una ciudad en la que se considera normal intentar que en pleno casco urbano no haya ruidos, vamos, que los vecinos puedan vivir allí como si lo hicieran en alguno de los modestos habitáculos del Monasterio de Santo Domingo de Silos.
Y mientras tanto, los mismos, u otros de los vecinos no dejan que se les caiga de sus labios las continuas quejas por el hecho de que el centro de la ciudad se muere, que los edificios se quedan vacíos por ausencia de inquilinos, que los comercios se marchan del centro y que apenas hay un bar donde tomarse una caña o un café con porras.
Pues señores, no sé si alguien en ese ayuntamiento se está dando cuenta, pero la relación entre el ruido y la presencia de actividad humana es directamente proporcional; o dicho de otra manera, si la administración se empeña en convertir el centro de la ciudad en el Pico del Chullo, en cuanto a ruido se refiere, lo más normal es que haya la misma cantidad de habitantes, negocios, bares y tiendas que en dicho páramo de la más pura naturaleza almeriense.

