#BLOGElRompeolas: “LOS SUSPENSOS SON FRANQUISTAS“, por Jose Fernández.
Mientras el personal se debate entre continuar usando las fastidiosas mascarillas o hace caso a un gobierno mentiroso e insensato que atiende a sus estrategias de propaganda antes que a los criterios científicos, bajo nuestras narices -tapadas o no- pasan asuntos de enorme trascendencia que se diluyen en el amplificado estruendo de todas estas polémicas. No se trata de caer en el sobreactuado alarmismo de algunas corrientes de opinión, sino en decir las cosas con serena claridad: mientras sigamos acudiendo presurosos a los señuelos que nos lanzan Sánchez y sus secuaces, más espacio dejaremos a toda esa purria para seguir maniobrando hacia su verdadero objetivo, que no es otro que el cambio de régimen constitucional, o de configuración para el reencuentro, o de asimetría poliédrica para el diálogo plurinacional, o como demonios quieran llamarle ahora todos estos embaucadores.
Para destruir una nación no hacen falta necesariamente cañones. Y una de las maneras de evitar el uso de la artillería, siempre tan escandalosa, es la destrucción de la educación pública de un país. Si vamos trasladando a los jóvenes la idea de que estudiar y formarse no merece la pena, que el esfuerzo es innecesario, que la exigencia es un reflujo abominable del franquismo y que se vive mejor dependiendo de la infinita generosidad del estado, estaremos dinamitando la democracia y consolidando el siempre fracasado modelo del socialismo: impenetrables élites gobernantes y una amplia mayoría de mediocridad social disfrazada de progreso, justicia y defensa de los derechos. Y todo ello conculcando una de las principales aspiraciones que tiene una persona, que es la de formarse y transformarse, haciendo del estudio, del trabajo y la constancia la mejor y más equitativa herramienta de superación de las diferencias económicas y sociales.
Al gobierno de Sánchez no le interesa una sociedad formada. Prefiere una sociedad estabulada ante una televisión subvencionada y prescriptora de todos los mantras del discurso políticamente correcto. Por eso no cree en la educación de calidad y prefiere el modelo Adriana Lastra para toda la sociedad. Dos ejemplos de lo que digo. El primero lo vemos en las últimas declaraciones del inexplicable ministro de Universidades, Manuel Castells, que ha dicho que “condenar a los alumnos por un suspenso es elitista”. Claro que sí, hombre. Todos aprobados. ¿Para qué esforzarse? Mejor todos igual de burros para que puedan comer el pienso que ustedes vayan poniendo en el pesebre, querido ministro. Y en paralelo a eso, un inquietante anuncio del Gobierno en el que dos sanitarios dicen ante unos recién nacidos que los españoles que nacen pobres van a tener más problemas que los que nacen en familias mejor situadas. No sé si lo han visto, pero el anuncio tiene tela. ¿Qué planes tiene el gobierno para esos niños, niñas y niñes? Ninguno, porque como son pobres no tienen futuro. Y sobre todo porque la educación, que es lo que siempre ha sacado a la gente del pozo de la pobreza, ya no sirve. Ahora se va a igualar a todo el mundo por abajo y por decreto. Es decir, que sólo hay futuro dentro del PSOE.
En fin, mientras se les pasa el susto, piensen en si sería posible exigir, ya que no hay futuro para los pobres y la educación ya no vale como ascensor social, que nos dejaran de cobrar impuestos. Total, ¿si no hay remedio, para qué seguir cobrando? Yo creo que si se plantea el tema en aras del reencuentro fiscal, la reconciliación económica, el diálogo sostenible y la concordia progresista, lo mismo cuela.


