VÍDEO BLOG #MIEDODEQUÉ?: ¿Qué es ser progresista? La nueva definición, por Víctor J. Hernández Bru.
En ocasiones, muchas, los políticos y personajes adyacentes, por ejemplo los sindicalistas, que no son más que políticos espero disfrazados de filántropo, juegan a modelar el lenguaje con la esperanza de que sus habitualmente vacíos discursos terminen convertidos en un arma de cazar votos que, por otro lado, para muchos de ellos es su principal actividad.
Hay palabras que, en este contexto o bien han perdido su significado o bien lo han visto licuarse hasta esconder en el fondo del vaso lo que realmente significan. Todos recordamos el uso de términos como ‘desaceleración’ en lugar de crisis.
Pero en esta costumbre política de almibarar los términos o, sencillamente, cambiarlos de significado, cada día me llama más la atención del término ‘progresista’. Ya he contado que, en alguna ocasión, en conversaciones privadas e incluso en alguna en directo en la radio, con algunos ex tertulianos de esta casa que dejaron de serlo porque no soportan opiniones contrarias, como el sindicalista de Comisiones José Carlos Tejada o el diputado socialista Indalecio Gutiérrez, quedé perplejo al observar cómo utilizaban este vocablo, ‘progresista’, esgrimido como razón principal para no criticar nada que emanase de este infecto gobierno.
Ante las contradicciones del gobierno Sánchez/Iglesias, cero críticas por su parte porque es un gobierno progresista; ante los pactos con quienes habían dicho que jamás pactarían, nada que alegar porque se trata de progresistas; frente a las negociaciones y firmas con pro-terroristas reconocidos y declarados, alegría y alborozo porque al fin y al cabo todos somos progresistas.
Pero también me pregunto, ¿qué significa ser progresista?
Porque claro, traslado la ecuación teórica al terreno práctico y quiero entender, más que nada por semántica y por etimología, que lo progresista debe ser la defensa del progreso, del avance, de la mejora de las cosas. Pero claro, me voy la casuística almeriense de los últimos treinta años y encuentro que quienes se dicen progresistas son los que permanentemente están empeñados en que las cosas se queden como están: si se puede remodelar la Plaza Vieja y cambiar de sitio el Pinrugucho y los árboles, se niegan en redondo; si se puede convertir una cortijada cochiquera en un hotel ecológico de 30 habitaciones y respetuoso con el medio ambiente, nada de nada; si se pueden llevar a cabo conciertos en un espectacular lugar de crecimiento y disfrute para la ciudad como La Hoya, cero patatero (o zapatero, como prefieran).
Y sin embargo, aquellos a los que calificamos como ‘conservadores’, son quienes están a favor de este tipo de proyectos, en otro extraño giro del lenguaje, puesto que en realidad son quienes se manifiestan a favor de que las cosas no se conserven como están sino que se mejoren, que progresen, que vayan hacia adelante.
Y eso por no hablar de lo que los progresistas entienden que es una sociedad de progreso, algunas de cuyas más excelsas manifestaciones hemos podido comprobar y disfrutar antes en la Unión Soviética, Cuba, China o Rumanía, por no hablar de la segunda república española, y ahora tiene su principal adalid en Venezuela.
Sinceramente, si algún oyente de Es Radio Almería tiene la oportunidad de presentarme a alguien que me explique en qué consiste el ‘progresismo’.

