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VÍDEO BLOG #MIEDODEQUÉ?, por Víctor J. Hernández Bru.
Leyendo el otro día uno de los artículos que se concentran en el libro ‘Desde mi aldea’, de mi cada día más admirado Jorge Molina, me he dado cuenta de que últimamente hablo poco y escribo menos sobre la brutal persecución, acoso, criminalización y campaña de exterminio que sufrimos los empresarios, pero sobre todo los pequeños empresarios y autónomos en este país.
Un país en el que quien crea valor y empleo, quien saca a trabajadores de las listas del paro que suponen un gasto para la caja común para convertirlos en trabajadores que aportan vía impuestos a las cuentas de todos, se ve sometido a impuestos. Sí, sí: aunque parezca mentira, en España, darle trabajo a una persona que está parada y recibiendo una prestación por desempleo, lejos de suponer un beneficio para el empresario que le da ese puesto de trabajo, trae consigo más gastos vía impuestos para ese creador de empleo.
Pero no es el único castigo que tiene en España quien se atreve a crear empleo o a emprender. Aunque en los últimos tiempos se han producido microscópicos avances, los autónomos y pequeños empresarios siguen, seguimos siendo ciudadanos y contribuyentes de segunda categoría en aspectos y derechos básicos como las bajas laborales, el derecho a prestación por desempleo o rendición de cuentas de cara a la jubilación.
A pesar de ello, sigue habiendo quien se decide a montar una empresa o convertirse en autónomo; a pesar de eso, sigue habiendo estúpidos que, cuando se plantean estas discriminaciones y faltas de apoyo al emprendimiento, responden que nadie les obliga a emprender ese camino, olvidando que ese camino es el único sensato para reducir las listas del paro.
Y luego están los políticos, que se habitualmente se llenan sus bocazas de alabanzas hacia los emprendedores, cuando ellos son los responsables de que se mantengan estos castigos al autónomo y a la pyme; y digo a la pyme, porque obviamente las grandes corporaciones tienen métodos más que eficaces para protegerse contra esa jungla llena de trampas.
Ellos, los políticos, son los responsables de la situación, empezando por la izquierda, que en su afán de llenar sus arcas de votos de trabajadores, se empeñaron no sólo en criminalizar a los creadores de empleo, sino en presumir de ello ante sus trabajadores; y siguiendo por la derecha, habitualmente acomplejada ante lo mal llamado políticamente correcto, que no han corregido estos abusos y desmanes en sus etapas de gobierno.
Afortunadamente, a quienes creemos que cada creador de un solo empleo es acreedor de un auténtico monumento al mérito, siempre nos quedará la aldea de Jorge Molina que, cada día más, es también nuestra aldea.

