VÍDEOBLOG #Miedodequé: De Sobaquillo Veloz y su Ley de las Lenguas Andaluzas a la cátedra de Historia del Andalucismo de la ‘delfín’, por Víctor J. Hernández Bru.
Que dice la vicepresidente del gobierno a tiempo parcial, poliempleada como candidata del Partido Sanchista Trolero y anti-Español a la presidencia de la Junta de Andalucía, MJ Montero – ‘Sobquillo Veloz’, que si es elegida por los andaluces va a impulsar una ley de lenguas andaluzas.
Hace tiempo que estoy convencido de que el PSOE no quiere gobernar, en este caso, de otra manera no se entiende que la candidata ponga encima de la mesa, como argumento para que le voten, semejante gilipollez cósmica, que no sólo no va a animar a nadie al voto sino que, muy al contrario, evidencia que estos señore han perdido el oremus, que no tienen ya ni idea de por dónde hincar el diente al sideral ‘trapajazo’ electoral que se están pegando cada vez que se abren los colegios electorales.
Para empezar, habría que empezar porque ‘Sobaquillo’ nos contara qué demonios es eso de las “lenguas andaluzas”, porque si andaluza no hay ninguna lengua, sólo faltaría ya que habláramos de ello en plural. Si ‘Sobaquillo’ no fuera analfabeta, sabría que el andaluz no existe, ni como lengua ni como dialecto. La diferencia entre una lengua y un dialecto es que la primera es un sistema de comunicación con historia, con una estructura y gramática propias y con un reconocimiento oficial; mientras que el dialecto es una variante de una lengua que se da en un territorio o por parte de un grupo concreto, pero repito, una variante, con estructuras gramaticales o vocablos propios que normalmente han evolucionado de la lengua primigenia.
Ninguna de las dos cosas se da en eso que esta señora llama “el andaluz” o las “lenguas andaluzas”. El acento andaluz, que eso sí que existe, es una manera de pronunciar las mismas palabras y la misma lengua que usamos todos los españoles. Pero claro, ir a explicarle a ‘Sobaquillo’ en particular y a un socialista en general la diferencia entre lengua, dialecto y acento es un trabajo para Hércules, puesto que ellos son moralmente superiores y, por tanto, no tienen necesidad de estudiar ni de aprender. Ellos han nacido sabiendo y si su saber no coincide con el de los demás o con la realidad en general, habrá que cambiar a los demás o a la realidad.
Dice esta espécimen de ‘burricalvus sociatis’ que no se le ha “pasado por la cabeza disimular o avergonzarse” de su acento andaluz. Y en su simple estructura intelectual, eso la lleva a concluir que su acento es una lengua. Y por eso, hay que crear una “ley de lenguas andaluzas”, “con el objetivo de preservar, impulsar, investigar y trasladar el valor de lo que significa ser andaluz y expresarnos como andaluces con orgullo y sin complejos, siendo capaces de defender nuestros orígenes”. O sea, que para defender lo andaluz, hace falta convertir un acento en una lengua. Lo dicho, si no te gusta la realidad, tú la cuentas de otra manera y listo. Socialismo de manual.
Da gusto ver cómo, en su desesperación, el ‘zurdismo’ patrio y en este caso andaluz parece persuadido de que su salvación está en echar mano de un concepto obsoleto, periclitado, absurdo, ridículo y que no interesa a nadie como el andalucismo. Conste que yo me siento tan andaluz como el que más y soy un rotundo defensor de la peculiaridades de nuestra cultura andaluza, pero eso no tiene nada que ver con la estúpida y fanática idea del andalucismo, ése que fundó Blas Infante, un islamista trasnochado, un totalitario ultracomunista que engañó y hasta hace poco ha seguido engañando (aún queda alguno suelto por ahí) a algún incauto ávido de causas con las que aderezar su triste existencia.
Prueba de que conviene estar atentos a toda esta sucesión de cortinas de humo con las que la izquierda trata de distraernos, es la noticia de la que el otro día tuve cuenta gracias a un artículo de ‘Chacho’ Torres en La Voz, a propósito de la creación de una Cátedra de Historia del Andalucismo en la Universidad de Almería, que ‘casualmente’ ha ido a parar a la ‘delfín’ de otro socialista, en este caso político disfrazado de historiador, Rafael Quirosa, mi director de tesis y al que conozco como si lo hubiera dado a luz.
Con Quirosa, amén de mi tesis y las clases de doctorado previas a la misma, he vivido mil aventuras, hasta caer del caballo y ver la luz: en todas, su objetivo era hacer conmigo lo que hace con todos sus discípulos, el apostolado del socialismo, evangelizarme para la izquierda. De ello tengo mil ejemplos que ya he contado en diferentes ocasiones. Discípula aventajada en tal tarea fue la ahora acreedora de tan innecesaria cátedra, Mónica Fernández Amador, que a punto estuvo de romper en cisma con su mentor, el citado Quirosa, cuando hace años decidió presentarse al Congreso por Podemos, puesto que el socialismo de su impulsor se le quedaba corto.
Afortunadamente para ambos, la ruptura no se produjo y Mónica siguió arrimándose al árbol que buena sombra le cobijaba, hasta conseguir la cátedra que, lástima, va a versar sobre un asunto tan artificial como, ya digo, obsoleto. El andalucismo fue, como diría ‘Sobaquillo’, un constructo, un innecesario y artificial constructo que sirvió para engañar a bobos durante un tiempo, pero que ya no está en la cabeza de nadie, como demuestra que el último partido que lo sostuvo ya no está entre nosotros.
Puestos a crear cátedras absurdas con las que colocar a delfines, ‘delfinas’ y ‘delfinos’, no podríamos echar mano, qué se yo, de temas como la investigación sobre los 800 millones de euros chorizados por el PSOE durante su estancia en el poder andaluz, el tercermundismo sanitario al que tal partido sometió a Almería durante casi cuatro décadas o sobre el ‘word perfect’, programa que la esposa del ex líder socialista andaluz, Juan Espadas, seguía trabajando años después de que éste desapareciera, en el chiringuito en el que su amado esposo la había enchufado.

