VÍDEOBLOG #Miedodequé: ¡Regularícese!, por Víctor J. Hernández Bru.
Al observar detenida y pausadamente las consecuencias de la suicida política migratoria de este irresponsable gobierno social-comunista, no he podido evitar acordarme de una de las figuras en las que se inspira, la de Hugo Chávez, el precursor y padre político del tipejo éste que ahora se pudre donde tiene que estar, en una cárcel, después de haber continuado el régimen comunista y dictatorial, valga la redundancia, que comenzó aquel.
El tipejo ése se paseaba por Caracas señalando con su nauseabundo dedo índice mientras gritaba aquello por lo que tristemente ha pasado a la posteridad: “¡Exprópiese, exprópiese!”
En estos días, después de que el seguidor de Chávez y Maduro haya gritado al mundo que cualquiera que sea capaz de presentar una etiqueta de anís del mono que atestigüe que vive en España pasará de ser inmigrante ilegal a ciudadano con derechos, la oleada de solicitudes de regularización se ha abalanzando sobre los organismos oficiales en avalancha.
Las cifras solicitud de regularización han crecido en un 850 por ciento en cuando a ciudadanos pakistaníes, en un 300 por ciento en cuanto a los argelinos. Y así sucesivamente. Es estupendo, magnífico, sensacional comprobar que vivimos en un país en el que todo lo que disfrutamos como ciudadanos, mucho en parte conseguido por el trabajazo que hicieron nuestros padres y nuestros abuelos, está ahora al alcance de quien, después de haberse saltado ilegalmente nuestras fronteras, sea capaz de presentarse en una oficina y aducir que tiene un pasaporte español desde hace muchos años pero que se lo ha dejado olvidado en el taxi o en la cola de la verdulería.
Vivir aquí es como estar dentro de una especie de sueño, indudablemente pesadilla, en la que de repente ninguna de las normas de convivencia que nos habíamos dado los españoles sirve ya para nada. Y que ahora quien entra ilegalmente tiene acceso a nuestra sanidad, a nuestra educación, a nuestros servicios sociales y a todo el resto de lo que los españoles pagamos con nuestros impuestos. Y el que decide okupar ilegalmente una vivienda, se encuentra con que su bienestar chorizo está por encima del derecho a la propiedad privada.
Y así sucesivamente. Así hasta ir desmontando ladrillo a ladrillo, piedra a piedra, clavo a clavo, todo el edificio democrático y del estado de derechos y libertades que nos ha llevado casi medio siglo levantar, que garantizaba nuestra convivencia, que se basaba en la meritocracia, que garantizaba la posibilidad de escalar o subir en el ascensor social gracias al trabajo y al esfuerzo.
Todo a tomar viento, al guano, al ‘rinchi’, para que quienes no están dispuestos a esforzarse en absoluto tengan claro a quién hay que votar, para mantener este nuevo ‘status quo’ de vagos, gandules, okupas, chorizos, sinvergüenzas y ministras de trabajo que quieren abolir el trabajo. Todo muy estupendo, emulando el “¡Exprópiese!” del gorila rojo, pero ahora al grito de “¡Regularícese, regularícese!”

