VÍDEOBLOG #Miedodequé: El previsible aluvión de denuncias por acoso sexual y la vergüenza de la condena social a Adolfo Suárez, que no se puede defender, por Víctor J. Hernández Bru.
Sufrir acoso, sea de la índole que sea, es una tragedia. Me preocupan todos porque, detrás de cada uno de ellos, hay una historia de alguien que sufre. Incluso podría decir que me preocupan más los acosos que sufren los más vulnerables, los niños, los mayores, las personas indefensas, pero en todo caso, todos me parecen tremendos y en todos los casos me parece que no viene mal cualquier mano que ayude.
Sin embargo, junto a esa preocupación, también me preocupan los caraduras, los getas que se aprovechan de situaciones adversas de otros para hacerse pasar por acosados y por damnificados, con la idea de sacar rédito de situaciones que no son la suya.
Estoy seguro de que hay mujeres que sufren acoso laboral y sexual en sus entornos de trabajo. Lo primero que me viene a la cabeza es que debería establecerse con claridad qué es y qué no es acoso en ese ámbito, al tiempo que se establecen castigos claros para los acosadores y agresores. Obviamente, como hijo, como marido y como padre, pienso en las mujeres de mi alrededor siendo acosadas y no me viene a la cabeza ningún pensamiento conciliador ni ecuménico.
Pero tampoco quedo indiferente ante quienes tramitan denuncias falsas para sacar partido de lo que no es, que arruinan la vida de otras personas que son inocentes, aprovechando el curso del río, que se hacen pasar por lo que no son para disimular su incapacidad para vivir de lo que ellos mismos son capaces de producir.
Llevo años denunciando que vivimos, desde 2004, en un país en el que hombres y mujeres no son iguales ante la ley, debido precisamente a la Ley Integral de Violencia de Género, que establece tratamientos y penas mucho más severas para los hombres que para las mujeres ante el mismo tipo de delito.
El feminismo exacerbado en que se ha convertido aquel feminismo que pretendía la igualdad aunque partiendo de un termino desigualitario (feminismo), el actual feminazismo, ha conseguido que se normalice que hombres y mujeres no seamos iguales ante la ley y, lo que es peor, ha conseguido que muchas mujeres se crean con derecho a mentir ante la Justicia para conseguir objetivos materiales o morales, acusando falsamente, tal y como se ha demostrado ya en muchos casos, sin recibir ningún tipo de castigo por ello.
El escandalazo que ha explotado en el seno del PSOE, con acusaciones de mujeres contra altos cargos del partido, personas de la máxima confianza de su líder, Pedro I El Falso – Pedro Chapote, no es nuevo: antes la izquierda, preferentemente la izquierda, también había sido el caldo de cultivo para las denuncias más o menos serias contra el Coletavirus Pablo Iglesias por acosar a colaboradoras a las que decía esperar dentro del baño, o contra Íñigo Errejón y su presunta manía de echar pestillos.
Pero ha sido ahora cuando se ha producido un movimiento más masivo, a raíz de las denuncias iniciales contra Paco Salazar, repito, hombre con tal grado de confianza con Pedro Chapote que era el designado a sustituir a Ábalos y Cerdán, reconocidos puteros, en la secretaría de Organización del PSOE.
Al albur de esa denuncia, otras mujeres se han animado a denunciar a otros dirigentes socialistas y, como era de esperar, la corriente se ha extendido a todo el espectro político. Y sí, seguro que habría mujeres acosadas que no se atrevían a denunciar, pero es evidente que, en ese maremágnum que ha surgido, también las hay que se lo están inventando, que están exagerando, que se están subiendo al carro por las razones que sean, incluyendo una muy poderosa que es la venganza contra quien, en algún momento, no ha hecho lo que ellas querían que hiciera.
Y por supuesto, esa corriente del feminazismo militante, que como el ecologismo, el sindicalismo o la izquierda en general, necesita fabricar o exacerbar problemas para poder seguir existiendo, ha vuelto a salir a la calle gritando desaforadamente con las bragas en la cabeza para generalizar y mentir, que es lo suyo.
En mitad de todo eso, llama la atención el teatrillo formado alrededor de una tipeja despreciable que ha planteado, ahora, medio siglo después, una denuncia por acoso contra Adolfo Suárez, al que yo no tuve el gusto de conocer, quien realizó una magnífica labor para conseguir que todavía hoy disfrutemos de democracia, lo cual en absoluto le daba patente de corso para abusar de nadie, y menos de mujeres menores de edad, pero que se da la circunstancia de que hoy no está aquí para defenderse de tales acusaciones y al que todo ese movimiento feminazi ya está declarando culpable sin ni una sola prueba y sin que pueda él aportar su versión.
Sinceramente asqueroso: no a los abusos, a ningún tipo de abusos; pero no también, un no muy poderoso, a quienes condenan sin pruebas, tanto en los juzgados como en los medios y en la sociedad en general. Aquí me tendréis siempre: enfrente de vosotros.

