VÍDEOBLOG #Miedodequé: Las elecciones paralizarían el país, es un estorbo esto de la democracia, por Víctor J. Hernández Bru.
Mucho se ha escrito acerca de una de las frases vergonzosas que pronunció el presidente del gobierno, Pedro I El Falso – Pedro Chapote, el pasado lunes en la entrevista-masaje a la que lo sometió la periodista rodillera Pepa Bueno; sobre aquello de que “hay jueces haciendo política”.
Seguramente la frase ha tenido la repercusión que ha tenido porque desde el ámbito judicial se ha producido la correspondiente reacción ante tal disparate y atentado contra la división de poderes y, por tanto, contra la democracia. Sin embargo, con ser grave, gravísimo diría yo, a mí me parece que Pedro Chapote dijo algo aún más grave si cabe, que ha tenido mucho menos eco en general.
Eso de que convocar elecciones ahora supondría paralizar el país es, ya en sí, frontal y directamente, sin ambages ni tapujos, la mayor declaración en favor de la dictadura totalitaria que ha llevado a cabo ningún dirigente político en los últimos 40 años en España y ningún presidente de gobierno europeo en ese mismo período.
Que dice el tío que unas elecciones suponen paralizar el país, vamos, que darle la palabra a los españoles es tanto como paralizar el país, como detener el sensacional progreso que supone para los españoles las magníficas políticas migratorias que están establecidas, el encabalgamiento hacia la declaración de soberanía de Cataluña, la condonación de la deuda de las comunidades por orden del fugado Puigdemont, la conversión de parados en fijos discontinuos, la degradación de la imagen exterior de nuestro país, las continuadas subidas de impuestos, la superposición de casos de choriceo y corrupción en el más íntimo entorno del gobierno y del propio presidente, etc, etc, etc.
Que, sin duda, hay que ser muy descerebrado o muy caradura para sostener que todo eso es estupendo. Pero, en todo caso, aunque defiendas la idoneidad de un gobierno al que no quieren más del 75% de los españoles, hombre no parece muy democrático que ello sea una razón suficiente para negarle al ciudadano su derecho a elegir a sus representantes.
Más que nada, porque si en aras del buen funcionamiento del país, de no paralizar el ritmo del mismo, terminamos suspendiendo el derecho al voto, entonces va a ser ya muy complicado explicar que esto sigue siendo una democracia.
Bien pensado, si Pedro I El Falso sigue profundizando en esa senda, seguramente vaya a necesitar el apoyo de la filosofía del mismísmo Franco para explicar que el pueblo español es absolutamente libre y que vivimos en un régimen en el que se respetan al máximo sus derechos. Digo porque, para Franco, las elecciones también eran un estorbo.

