VÍDEOBLOG #Miedodequé: Ese ultra ecologismo que revienta el granero de votos de la izquierda, por Víctor J. Hernández Bru.
Comentaba yo ayer, preparando nuestra tertulia andaluza #HaciendoAmigosAndalucía, que se emite para Almería, Granada, Málaga y Jaén cada viernes a las tres de la tarde y que tengo el orgullo de dirigir, que el ultra ecologismo se ha convertido en una bomba de relojería adosada a los bajos del socialismo, en un agujero negro por el que el PSOE no deja de perder votos, una fuente de la que cada día emanan votantes socialistas con la venda caída de los ojos y con el convencimiento, por fin, de que el socialismo es esa gran mentira que siempre digo que es y que sólo tiene un objetivo: ganar las próximas elecciones a costa de lo que sea.
Este verano han ardido cientos de miles de hectáreas en España y el combustible general en todos esos incendios ha sido el matorral que las leyes ultra ecologistas, promulgadas por el gobierno e impulsadas primero por la ultra ecologista vicepresidente Teresa Ribera y después por su sucesora, no menos ultra ecologista, Sara Aagesen, impiden cortar e imposibilitan que el ganado devore.
Como siempre en estos casos, me acuerdo de aquel viejo entrenador que le decía a su bisoño portero: “Joven, los disparos que van a portería, si usted quiere no los detenga; pero haga el favor de, al menos, no meter en la portería los que van fuera”. Es la mejor imagen de lo que es la política de izquierdas: no solo no resolver los problemas que de verdad existen, sino crear otros que no existían, siempre con la doble finalidad de distraer atenciones y dividir a la gente con el populismo en la mano.
El bosque estaba bien como estaba. Las cabras y las ovejas hacían su trabajo de limpiarlo de matorral mientras se aprovisionaban de alimento para dar continuidad a la labor ganadera. Y donde no llegaban ellas, las autoridades locales hacían el esfuerzo del desbroce para evitar, precisamente, que los calores hicieran arder el terreno.
Pero llegó el social-comunismo, ése que también vive de convertir en problema lo que no lo es, y llenó el depósito de ‘combustible’ para que el fuego arrasara con todo, simplemente para poder optar a ese pequeño granero de votos de ese ecologismo radical y, de paso, armarse de falaces argumentos con los que enfrentar a la población y atacar a las autoridades locales, siempre que fueran del signo político diferente.
Sin embargo, esto no es nuevo. El ultra ecologismo es un arma del socialismo desde hace mucho tiempo. Aquí en Almería tenemos un ejemplo magnífico con El Algarrobico, excelsa obra arquitectónica, similar a cientos que ya existían en otros puntos de la geografía española, yacimiento de empleo, valor y riqueza para la zona y proyecto que contó con todas las bendiciones administrativas hasta que la socialista Cristina Narbona vio en él un instrumento para dar gusto al ecologismo radical y hacer política con él.
Sin embargo, poco a poco las encuestas van evidenciando que este tipo de estrategias tan socialistas, tan de izquierdas, lógicamente cada vez cuelan menos. Mientras sus ministros y su presidente de gobierno cargan contra las autoridades locales y autonómicas y defienden la insólita idea de que el ejecutivo, que ‘gestiona’ el ejército, la UME y la dirección general de Emergencias, como en la DANA controlaba esos mismos organismos y también la AEMET y la Confederación Hidrográfica, no tiene nada que hacer ante tanto desastre; mientras no rectifica y pide perdón por la criminal política de no dejar que el ganado se alimente con los arbustos de los bosques, sus cifras caen empicado en las encuestas, seguramente no sólo por esto, pero seguro que también por esto.
Y lo que uno se pregunta es, ¿por qué insisten en las políticas que les conducen directamente al desastre?

