José María Martín (PSOE) se obceca en un plazo, el dado por el ministro Puente, que ya no se cree nadie
A pesar de la desconfianza creciente entre los almerienses y los datos objetivos que reflejan la complejidad del proyecto, el subdelegado del Gobierno en Almería, José María Martín, insiste en asegurar que la línea de Alta Velocidad entre Murcia y Almería se terminará dentro de los plazos que marca el Ministerio de Transportes. Una afirmación que, a estas alturas, pocos creen, y que solo contribuye a aumentar la sensación de que desde el Partido Socialista almeriense se está intentando maquillar la realidad con fines puramente propagandísticos.
El subdelegado sostiene que la obra “sigue a un ritmo magnífico” y que las traviesas del AVE estarán colocadas antes de los 36 meses contemplados en el contrato de suministro. Sin embargo, el pliego de condiciones del contrato es claro: el plazo de ejecución es de tres años, y todo indica que se agotará en su totalidad o incluso podría prolongarse más, teniendo en cuenta los antecedentes de retrasos acumulados y la complejidad técnica del trazado.
Lo que resulta particularmente grave es la forma en que el subdelegado pretende desacreditar cualquier crítica o advertencia, calificándolas de «temerarias», al mismo tiempo que admite aunque de forma tangencial—que los 36 meses están ahí “por si acaso”. Según él, se trata de un “margen de seguridad”, una explicación poco convincente para una ciudadanía cansada de excusas y anuncios vacíos.
Cabe recordar que, aunque el AVE Murcia-Almería ha sido la mayor inversión de Adif Alta Velocidad en 2024, con 501,8 millones de euros, no es una cuestión de dinero sino de plazos y realismo. El propio balance anual de Adif muestra una pérdida de 100,9 millones de euros, y aunque la empresa intente transmitir que el proyecto avanza, los hechos apuntan a que la finalización total de la conexión ferroviaria no será una realidad antes de 2030.
El Partido Socialista almeriense, lejos de adoptar una postura honesta con sus votantes, se enroca en discursos triunfalistas que poco tienen que ver con el ritmo real de las obras.

