La Prisión Provincial recibió, en 1994, cuatro después de su crisis, a los hermanos Emilio y Antonio Izquierdo, autores de la famosa matanza en esta barriada extremeña; permanecieron en la cárcel almeriense ocho meses.
HISTORIAS DE ALMERÍA por Víctor J. Hernández Bru: La relación de El Acebuche con Puerto Urraco.
La prisión provincial de El Acebuche de Almería es, además de otras muchas cosas, una galería de personajes que los almerienses han podido conocer a través de las portadas de periódicos y los informativos de las televisiones nacionales y que, en muchos casos, ni tan siquiera saben de su paso por este centro penitenciario.
Asesinos, violadores, desfalcadores y un buen número de integrantes de la banda terrorista ETA han pasado por sus celdas, junto a delincuentes comunes cuyos actos delictivos se han desarrollado en la provincia o en escenarios muy diferentes y variados.
Dos de ellos fueron triste pero rotundamente famosos en los años 94, por haber sido protagonistas de una matanza que incluso posteriormente fue objeto de narraciones, libros e incluso de una película: los hermanos Izquierdo, mucho más conocidos como los asesinos de Puerto Urraco.
Emilio y Antonio Izquierdo, dos de los hermanos de una familia de cuatro, pertenecientes a los resquicios que en los años 90 se conservaban de la conocida como ‘España profunda’, llegaron a la prisión de El Acebuche el 11 de agosto de 1990, cuatro años después de haber sido los truculentos y tristes protagonistas de unos hechos que supusieron la muerte de nueve personas. De ello dan cuenta las crónicas periodísticas de la época y también algunos trabajos posteriores, como los del periodista José Ángel Pérez.
Fue en la pedanía de Puerto Hurraco, cometido el 26 de agosto de 1990, en término municipal del pacense municipio de Benquerencia de la Serena, poniendo el punto y final a una serie de desavenencias familiares entre la familia Izquierdo, en concreto los cuatro hermanos que convivían, y la familia Cabanillas.
Las desavenencias entre ambas familias se remontaban a más de 20 años antes, momento en el que se mezclaron unas disputas por las tierras con una historia de amor no culminada, que supuso una gran depresión para Luciana Izquierdo, que su hermano Jerónimo quiso vengar asesinando a Amadeo Cabanillas, por lo cual fue ingresado en prisión, donde permaneció catorce años de reclusión.
En la recta final de esa condena, esta trágica historia iba a vivir un nuevo y dramático episodio, con la muerte de la madre de los Izquierdo en un incendio en su casa. Sus hijos culparon, una vez más, a los Cabanillas y, a la salida de prisión, Jerónimo acuchilló a Antonio Cabanillas, hermano del frustrado amante de Luciana Izquierdo, Amadeo.
Esta vez intento se quedó en eso, pero Jerónimo volvió a verse privado de libertad, esta vez en un psiquiátrico, dado que su estado de pérdida de lucidez era más que evidente. Corría el año 1986 y el germen de la tragedia de Puerto Hurraco ya ‘larvaba’; y lo iba a hacer durante cuatro años más.
Con Jerónimo Izquierdo fallecido durante su reclusión en el psiquiátrico y Luciana Izquierdo anclada en la tragedia de un amor frustrado, sus hermanos, Emilio y Antonio, vivieron años sufriendo la exigencia de venganza que les trasmitían tanto su hermana como las ausencias de su hermano y de su madre.
Con el calor intenso, pegajoso y presionante del mes de agosto en Extremadura, el domingo 26, en 1990, Emilio y Antonio, ambos más allá del medio siglo de vida en unas condiciones de gran dureza, salieron a la calle a última hora del día, ataviados con sus ropajes y sus armas de caza, disparando primero contra los miembros del a familia Cabanillas y luego contra todo el que encontraron, incluyendo a dos guardias civiles que trataban de sofocar la matanza.
Murieron niños, como por ejemplo dos de las tres hijas de Antonio Cabanillas, para un total de nueve personas.
Tras el juicio, sus hermanas, Luciana y Ángela fueron ingresadas en una institución mental en Mérida donde fallecieron. Mientras, los hermanos asesinos fueron condenados a 680 años de cárcel, siendo trasladados a la prisión de Córdoba en primera instancia y más tarde a la de El Acebuche, aunque ocho meses después volverían a Extremadura, en concreto y a petición propia, a la prisión de Badajoz, donde morirían más tarde, Emilio en 2006 victima de un problema coronario y cuatro años después Antonio, ahorcado en su celda con sábanas anudadas.

