🪶 #ElMonoDesnudo: De plazos y aniversarios, por Gloria Pérez de Colosía
Siempre que empieza un Nuevo Año es buen momento para revisar plazos y aniversarios y pararnos a pensar en lo que hemos, o no, cumplido y en lo que hemos, o no, celebrado.
Incluso para esos que repudian las fechas y van a su bola, no hacen regalos en los cumpleaños y sabotean las campañas de San Valentín, Navidad, y resto de esos Días llamados señalados, revisar fechas al inicio de un Año es, inevitablemente, algo que hasta ellos hacen.
Esta semana se han cumplido doce años del plazo de quince días que el Ayuntamiento de Níjar concedió al propietario del castillo de la Cala de San Pedro para ejecutar unas obras de seguridad. Doce años. Quince días convertidos en una unidad de tiempo elástica, casi filosófica. Un plazo que ha sobrevivido a corporaciones municipales, legislaturas, crisis económicas, pandemias, cambios geopolíticos y hasta galácticos, si me lo permiten, con esto del Atlas 3I.
Si en estos 12 años el castillo no se ha caído, no ha sido, claro está, por eficacia administrativa, sino por puro azar geológico o, quizá, siendo románticos, por la especial magia que la propia Cala tiene, que preserva tanto a náufragos con chaqué despedazado, como a pintores de espaldas atemporales.
Este fenómeno de insondable bostezo administrativo también se produce en la justicia. Solo dos ejemplos que vulneran de manera clara plazos legales. Los 14 años del proceso derivado del hundimiento del petrolero Prestige en 2002 que tuvo su sentencia final en 2016 y los 12 años del triste caso de Iván y Sara, los hermanos retirados ilegalmente por la Junta de Andalucía a su madre en 1996, cuya resolución, en 2009, de nada sirvió a la madre, que para entonces ya había fallecido.
Y otra cosa que tampoco sirve para nada, es celebrar el aniversario de la Ley de Violencia de género que en estos días atrás ha cumplido 21 años desde su aprobación. 21 años de declaraciones solemnes, chiringuitos institucionales, dinero malgastado y la reiterada promesa, que no se cumple pues los datos siguen siendo tozudos, de reducir el asesinato de mujeres.
La evidencia y las estadísticas han demostrado sobradamente que la Ley no funciona y, sin embargo, se celebra su aniversario sin hacer un balance real, y obviando, porque no es rentable hablar de ello, no solo a las mujeres que la Ley no salva, sino a los hombres y niños que destroza, empeñándose en confundir persistencia con éxito.
Y éxito es lo que parece ser ha tenido Trump en el cumplimiento de sus advertencias a Nicolás Maduro, al intervenir militarmente Venezuela y capturarle, fusionando así la palabra y acción en la política contemporánea y, aunque sus consecuencias legales, éticas y diplomáticas quedan ahora a disposición de un derecho internacional posiblemente vulnerado, el giro geopolítico es extraordinario.
Como extraordinario es, al menos para mí que me he criado en Madrid, que ese plazo de portarnos bien que por fin acaba el 5 de Enero, porque si sí si, y si no ya no hay nada que hacer, se vea modificado por algo tan básico como el clima. Y es que ayer 5 de enero, día de la Cabalgata de los Reyes Magos, en muchos pueblos de Almería no la hubo porque decidieron adelantarla por la previsión de lluvia que había. No por lluvias reales, sino por la amenaza de que quizá iba a llover.
Yo es que no conozco otra provincia más condicionada por el clima. Ósea, no es como lo de las migas, que si llueve se comen migas, que es un hecho, que es que ya ha llovido. No. Esto ha sido por si acaso llueve. Que, a ver, cójanse un paraguas, ¿no? Claro que podrían contestarme entonces eso de “en Almería no sabemos usar paraguas”.
Quizá pueda entender, ya por una costumbre desidiosa, que los plazos, ni los administrativos ni los judiciales, se cumplan, y que quince días se conviertan en doce años. Quizá pueda entender que somos tan cazurros que celebramos el aniversario de una Ley que ha resultado ser desastrosa e ineficaz. Quizá pueda alegrarme que la falta de acción de Europa la acoja Trump
Pero, de verdad les digo, que haberme quedado sin Cabalgata y chuches este Año porque llueva, eso, no lo voy a comprender.
Feliz año Nuevo y, como diría Siloé, les deseo, lo que cada uno de ustedes se merece.

