#RadioBlog #ConfinadosPeroNoArrinconados: Enhorabuena por vuestro fracaso, por Antonio Felipe Rubio
Acaba de aprobarse el Presupuesto del Ayuntamiento de Almería. Y, como es habitual, se tilda de “histórica” la cantidad alcanzada: casi trescientos millones de euros (297,7), lo que supone un incremento del 7,2% respecto del Ejercicio anterior. El manido recurso del calificativo “histórico” es una obviedad, pues se entiende que si no concurren efectos perniciosos como desastres naturales, invasión alienígena o ruina inferida por un gobierno catastrófico -todo se andará- lo normal es que con mayor población y más aportación dimanante de impuestos, tasas y precios públicos el presupuesto crezca.
Como era de esperar, la oposición votó en contra; entre otros motivos, por la escasa partida dirigida al gasto social. Algunas propuestas excretadas por la extrema izquierda se encaminaban hacia nuevas iniciativas como la creación de un “óptica municipal (…) porque todos los ciudadanos tienen derecho a ver bien”. En fin, no perdamos el tiempo con las competencias, cometidos y responsabilidades de las distintas administraciones. Siempre hay aprendices de estadistas que, si los dejamos sueltos en su desenfrenada euforia, acabarían en cerocoma con el presupuesto de Emiratos, Catar, Arabia y Luxemburgo.
De los trescientos millones de euros, casi dieciocho se destinan a inversión en proyectos estratégicos y 38,6 millones para gasto social. En gasto social se incide en un incremento del 25,8% sobre el presupuesto anterior. Este incremento es un “logro” para el Equipo de Gobierno, pero se queda corto a los ojos de la oposición. Los concejales que se arrogan la cualidad de “progresistas” siempre han celebrado el gasto social como un sobreactuado argumento de éxito en sus políticas sociales. Este mantra, lamentablemente, ha logrado instalarse también en el Partido Popular.
El gasto social ha crecido ostensiblemente por encima de las inversiones en proyectos estratégicos. Para gasto social hay treinta y ocho millones y para proyectos estratégicos sólo hay dieciocho millones. O sea, es mayor el gasto social que las inversiones por muy estratégicas que sean. Lo cual, en mi opinión, no es logro sino fracaso.
Cualquier incremento en el gasto social es un fracaso. El gasto social viene a socorrer situaciones de personas que se hallan en serias dificultades. Paro laboral, pobreza, dependencia, exclusión, etc. evidencian una gestión carente de soluciones para paliar estas deficiencias sociales en alza. Ningún gobierno que se precie de progresista puede vanagloriarse de un abultado crecimiento de gasto social, porque eso implica gobernar sobre personas carentes de esenciales derechos democráticos.
La verdadera dignidad, independencia y libertad se alcanza con un empleo digno, un sueldo adecuado y una estabilidad que avizore esperanza. Las ayudas sociales, esenciales para quienes verdaderamente las precisan, también sirven para engrosar el detestable capítulo de “profesionales” de las ayudas, pagas y subvenciones. Desde los PER, PFEA y como demonios se denomine la plétora de actuales paguicas, sinecuras y otras prebendas han servido para que muchas personas se desenvuelvan en la cultura “progresista” de la dependencia del Estado, las autonomías y los ayuntamientos. Y esto, insisto, es un fracaso. No debería existir nada más frustrante que, pudiendo valerse por sí mismas, algunas personas se inclinen por contentarse con el maná y el providencialismo paternalista del poder establecido. Sólo los gobiernos totalitarios y antiprogresistas pueden celebrar el crecimiento de la pobreza y la dependencia vital de las ayudas sociales.
Ninguna sociedad va a alcanzar el nivel cero-ayudas-sociales. No existe la utópica sociedad 3.0 y siempre existirán disfunciones y circunstancias sobrevenidas que precisan de ayudas, solidaridad y colaboración de las instituciones públicas. El desbordante crecimiento del gasto social es sinónimo de que algo se está haciendo mal y el proyecto de país no es válido para solucionar los problemas de la gente.
El gasto social es un buen síntoma para aquellos gobernantes que detentan el poder sobre la base social de la indigencia; y, al mismo tiempo, se crecen en su preeminencia totalitaria, que no es otra cosa que la humillación de una sociedad inerme, inane y dependiente. Por tanto, a los que celebran el importante crecimiento del gasto social. ¡Enhorabuena por vuestro fracaso!

